Cerrar ya la herida

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

No vamos a estas alturas de la película a desenterrar el hacha de guerra sobre si Málaga necesitaba un metro o no como medio de transporte. Este rincón de papel ya dijo en su día que era un exceso, una obra que no se entendía como imprescindible para Málaga, sobre todo si no cubría enterita la ciudad de norte a sur y de este a oeste bajo las entrañas de nuestra tierra (incluido PTA). Pero se comenzó a hacer... Posiblemente llevados todos por el manido y cateto «yo tengo que tener lo que tiene mi vecino», una forma redundante de decir que si Sevilla o Granada tenían metro, cómo no iba a tenerlo Málaga. Esta absurda 'conquista' de la política española del «café para todos», que se debe a Clavero Arévalo en expresión referida a que todas las regiones españolas fuesen reconocidas como autonomías, no sólo las históricas, nos está costando muchos sinsabores y también, por qué no decirlo, mucho dinero. A todo le aplicamos el «todo para todos», y ni hay necesidad, ni hay dinero, ni merece la pena. El Metro de Málaga, además, y para darse cuenta de ello desde el principio no había que ser un lince, se convirtió en una arrojadiza arma política mal utilizada por unos y por otros, o sea por todos, cuando cada cual lo necesitaba según sus intereses partidistas, que no suelen coincidir con los de la ciudadanía. Mientras, Málaga, desde hace muchos (demasiados) años, está partida en trozos, abierta en canal y dolida por tanto costo. Barrios enteros años rodeados de zanjas, tuneladoras y todo tipo de maquinaria pesada, cientos de negocios que han visto mermar su productividad y que miran al cielo no para ver si llueve, sino implorando para que la eterna obra del metro finalice ya de una puñetera vez. Hace unas horas, lord Daniel Brennan, uno de los parlamentarios británicos más influyentes en su país, vino a hablar del Brexit, y así comenzó su intervención: «Hacía 25 años que no venía a Málaga... ¡Qué cambio más enorme, qué ciudad, qué maravilla!». Alguien comentaba después: «Menos mal que no ha visto la Málaga de las obras del metro». Porque es así. Llevamos demasiado tiempo abiertos en canal, y aquí vivimos de lo que vivimos, sin más historietas, y al turismo lo de ver un cauce del Guadalmedina por cada esquina no le gusta mucho que digamos, aparte de la molestia urbana, el caos circulatorio y todos los inconvenientes de una gran obra... Todo viene a colación porque parece que hay (lógico hasta cierto punto -hay un nuevo Gobierno en la Junta, con dos partidos distintos al que había- porque el problema es que en su día todos los partidos no cerraron un pacto sagrado para no 'jugar' con este tema) un cambio de criterio respecto al desarrollo del proyecto, y los ciudadanos sufridores de esta pena que lleva ya más de dos décadas maniatándonos, nos echamos a temblar y nos entra un 'canguelo' de que a lo mejor media población actual se muere (nos morimos) sin entrar en la estación de metro de la Alameda Principal... El metro está ahí, pero no acaba de llegar. Llevamos mucho dinero, muchos malos ratos y muchos sinsabores enterrados en sus zanjas. Hagan lo que quieran unos, otros y los del más allá, pero por favor, terminemos con esta pesadilla. Cerremos de una vez la herida abierta de Málaga...