Carta a Miguel Romero

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Querido Miguel: a mí nadie me ha preguntado nada sobre ti después de tu partida a la órbita azul-celeste donde navegan los barcos fantasmales del reino de Tartessos; por eso he decidido publicar la carta que te escribí la mañana en que me enteré que nos habías dejado. No sé si te acuerdas, yo sí, el día y lugar en que nos conocimos. Fue el 16 de septiembre de 1976 en el bar Colón, sito en la avenida del mismo nombre. Era un lugar denso que no destacaba por su higiene. Otro lugar donde nos veíamos era el Ateneo de la plaza del Obispo, con sus cortinajes de terciopelo rojo y la barra sideral de Frank Rebajes, a donde nos llevaste a leer nuestros poemas al grupo poético que fundaste, y en el que se encontraba, entre otros, Salvador López Becerra, alma y salero del mismo. Yo desembarqué en aquellos encuentros junto a mis compañeros José Carlos Cómitre, el poeta surrealista, y Juan Carlos Jurado, exquisito gourmet de la cultura. Recuerdo que íbamos en excursión a la urbanización El Atabal, donde en la habitación amarilla del chalet de Juan Carlos escuchábamos la música pop más avanzada del momento, y recitábamos poemas de Rimbaud y de una ristra de poetas malditos. A la caída de aquellas tardes hundidas en el almanaque del tiempo «bajábamos a Málaga» y nos dirigíamos a Ruiz Cueto a comprar algún single de Lulú o de John Cale, y luego a la Denis o a la Ibérica, en la que recuerdo firmando a algún autor. Ahora que lo pienso teníamos tela que cortar aquellos niñatos intoxicados de arte, música y literatura maldita, adquiriendo títulos extraños como 'La novela de una momia', de Gautier; 'Noticias de ninguna parte', de Morris; 'El libro de Monelle', de Schwob...; recuerdo que le dijiste a mis padres que su hijo leía libros muy raros, y no ibas descaminado, todo lo contrario. Lo cierto es que la liamos gracias a los pasaportes de libertad decidida que nos otorgaste en una España que salía de la oscuridad, y nos pusiste a elaborar manualmente una revista poética que titulaste 'Pliegos de la mar', ese mar del que traducías las claves mágicas de tu gran dramaturgia. Tampoco puedo olvidar tu conversación brillante, desgranando sabiduría ante un moscatel en La Buena Sombra. Un episodio digno de tu sarcasmo fue cuando anunció su visita Televisión Española para hacernos una entrevista a la Nueva poesía malagueña que tu habías lanzado al 'estrellato'. Llegaron las cámaras a la playa de La Araña, al lado de la casa de López Becerra, y decidimos subirnos a una jábega e iniciar la travesía al Eldorado. Cuál sería nuestra mala suerte que entre poetas, cámaras, olas y ráfagas de viento, la jábega zozobró, y nosotros con ella, causándonos un ataque imparable de risa, lo que propició, a su vez, un visible enfado en el equipo de televisión; sin embargo, a pesar de la titánica lucha contra los elementos el reportaje llegó a emitirse, pero con el título de 'Jóvenes poetas náufragos'; luego vino todo lo demás: me nombraste almirante en tu colección 'Cuadernos de la marinería' en la que publicaste mi poemario 'Golpe de estado en Mombassa', convirtiéndote en mi primer editor. El libro es una joya y yo te estaré siempre agradecido, Miguel. ¡Salud y gloria eterna!

 

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