Por el Carmen, en lunes

Ir y purificarse entre las olas. Con o sin fe

JESÚS NIETO JURADO

Debiera ser este día otro, otro más festivo. Cae en lunes, pero tiene que darnos lo mismo. Los marengos, de normal descreídos, se vuelven por el 16 de julio hombres de fe. Algunos no saben nadar, como alguna vez ha contado el maestro Alcántara, y así ya tenemos el primer milagro de la Virgen del Carmen. Es el día en que nos acordamos de los ahogados. El día en que de El Palo a Huelin, de Algeciras a Sicilia, los hijos de este mar viejo rendimos el culto a nuestra patrona, deidad que quizá fuera más antigua que el cristianismo. Hay mucha actualidad y mucha guerra, lo sé, pero también tenemos esta fiesta popular de arremangarse, de mojarse. De ir a comulgar con las olas.

Algunas gestiones me tienen hoy tierra adentro, con ese dolor con el que duelen los exilios a dos horas y pico de AVE. Pero no por ello la memoria deja de ilustrarme aquellas noches marineras, y la playa como una fiesta de luces blancas en todo lo largo de nuestro litoral. Porque la festividad del Carmen es popular, de improviso. Es 'ese bajarse' a ver la Virgen, ese sacar el barco a pesar del ateísmo y de otras circunstancias. El año ha sido duro como para dejar que en este día no nos mojemos los pies cuando embarcan a la patrona. O cuando la desembarcan, ya tarde, y volvemos a casa con olor de espeto, chancla, marismo y felicidad. Esos fotogramas que nunca y que siempre son el mismo.

Esta tradición del Carmen tan repetida, cuando falta, deja en el pecho como una colonia de pájaros vacíos. Es el reflejo del Mediterráneo viéndose a sí mismo, con reflejos también de la Noria en nuestra mixtura simultánea de gran urbe y pueblo marinero que saca en los callejones de la playa la bandera de España: bandera tan nuestra en los días de guardar.

En estos días me pongo más sensible de lo normal. Hablo nervioso desde una oficina de La Castellana con mis vecinos, que tienen plan de Noche del Carmen. Dicen que darán una vuelta, que han encontrado una jábega, que quizá Farid nos dé la sorpresa y aparezca con un corcho repleto de algo que no serán sardinas, por ser lunes: pero que las suplirán al carbón.

Hace muchos días del Carmen que yo soy yo y mi casa es ya mi casa. Ya digo que es circunstancial que ande fuera, y que si hay una fiesta señalada es ésta. Se ha ido mi querido Teófilo Ruiz casi en estos días, y ya hay un foráneo menos al que ir a contarle estas columnas y estas cosas que, de tan nuestras, son de todos. Porque en tierra adentro los hubo marineros, y por ellos suenan hoy también estos cohetes que ponen naranja el cielo de la orilla.

A la patrona de los mares hay mucho por lo que pedirle. Porque son cada día más los ahogados y más grande nuestra indiferencia en el mar de aquí. Que rece quien pueda, claro, que el mar sigue hoy purificado como siempre.

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