CAMPAÑA SIN POESÍA

JOSÉ MANUEL BERMUDO

Durante unos días hemos tenido en Marbella una cita con la poesía gracias a los actos que formaban parte de Marpoética, festival organizado por la delegación de Cultura en el que los amantes de los versos han tenido la oportunidad de ver y escuchar a grandes autores nacionales y algunos autores locales. También han podido participar en algunas convocatorias puntuales. Marpoética se inició en 2015 y en poco tiempo se ha convertido en una referencia nacional dentro del mundo cultural, muy valorada por los propios poetas, que no siempre encuentran facilidades de difusión.

Este hecho es destacable que se produzca en una ciudad como Marbella, casi siempre asociada a otro tipo de actividades más lúdicas y superficiales. Y como suele ocurrir con otras muchas cosas, terminan teniendo más prestigo fuera de la ciudad que en el mismo sitio donde se crean. Pero no deja de tener su importancia que, además de sus encantos naturales y su perfil de lugar preferente de vacaciones, se destaque en determinados medios la existencia de un acto cultural de gran interés. Puede ser un ejemplo a seguir, manteniendo las convocatorias cada año para aumentar su solera.

De todas formas, no nos engañemos, inmediatamente nos vemos envueltos, queramos o no, en una campaña electoral sin concesiones en la que no es precisamente la poesía lo que impera. Acostumbrados ya a las convocatorias de elecciones desde hace años, no parece que hayamos modificado mucho los métodos, en los que resaltan las acusaciones a los rivales políticos (ya se sabe, al enemigo ni agua) y el «y tú más» que parece haberse instalado en el discurso de quienes son o aspiran a ser nuestros representantes. Todo lo más que ocurre es que ante un hecho incontestable se responda con el silencio o la indiferencia, lo que puede que hasta se considere un triunfo, dado que lo normal es una crítica feroz y despiadada ante el menor movimiento del contrario.

Lo que para unos es una beneficiosa bajada de impuestos para otros significa un nuevo periodo de recortes sociales; la puesta en marcha de algún nuevo servicio público por parte de los que gobiernan es para la oposición pura demagogia electoral que terminará desembocando en perjuicios para los ciudadanos; el dinero que se emplea para cualquier proyecto es un despilfarro y una mala gestión porque siempre habrá otro destino más adecuado y la oposición a determinadas medidas de gobierno es una política destinada a obstaculizar el progreso de los ciudadanos. Así hasta completar una lista que podría ser larga. Estas situaciones se producen a todos los niveles, tanto en la política nacional como autonómica y local (bueno, quizás en Cataluña sea otra cosa mucho peor) . En lo referente a los Ayuntamientos no se ha esperado a su propia campaña electoral, que será después de las elecciones nacionales del 28 de este mes. Pero todo se mezcla estos días, dentro de un mismo objetivo de obtener el mejor resultado posible en los primeros comicios a la vista. Después del 28 la política local redoblará sus esfuerzos, quizás dentro de un periodo en el que haya hecho aparición el agotamiento, si no entre los políticos, seguro que sí entre el electorado.

Este año, además, contamos con la coincidencia de la Semana Santa en plena recta final de las elecciones nacionales, lo que constituye una experiencia inédita hasta ahora. Se supone que para muchos es un tiempo de reflexión y de recogimiento, difícil de compaginar entonces con los achaques, reproches y señalamientos que algunos estarán haciéndose. Quién sabe, quizás llegue a producirse una tregua durante unos días, aunque sólo sea para tomar el impulso final. Y siempre nos quedará la poesía.