Cambio climático: un enfoque realista

La Tribuna

No vamos por buen camino, a este ritmo tardaremos unos 400 años en transformar el sistema energético global

Alfonso Palacios
ALFONSO PALACIOS Ingeniero Industrial. Técnico del Servicio de Programas Europeos y del OMAU

El cambio climático no es cosa de cuentos ni de fábulas; es una realidad de consecuencias devastadoras que merece ser tratada con un rigor que se echa en falta habitualmente.

Desde hace tiempo sabemos que la planificación de la ciudad ha de hacerse de forma racional, que tenemos que reducir la contaminación modificando para ello nuestros hábitos al desplazarnos por sus calles, que debe mejorarse el uso de la energía, que ésta sea más renovable, que es preciso incrementar la superficie de zonas verdes y aumentar la cohesión social.

Pero no debemos seguir hablando del cambio climático de esta manera tan simplista, caduca y vacía, que además viene de ideas prestadas. Si de verdad queremos combatirlo, valoremos como se debe el estado actual de la ciencia que lo estudia y las medidas concretas y efectivas que nos ofrece; que estas medidas se lleven a cabo de una vez y no se siga recitando desde el mismo púlpito la misma letanía de siempre una y otra vez.

No vamos por buen camino, a este ritmo tardaremos unos 400 años en transformar el sistema energético global. Como afirma el conocido científico atmosférico Ken Caldeira, en vez de los aproximadamente 1.100 megavatios de energía libre de carbono por día que necesita el mundo para evitar que las temperaturas suban más de 2˚C (uno de los acuerdos de la ONU en la fundamental Cumbre del Clima de París de 2015), estamos añadiendo sólo unos 151 megavatios. Esto es suficiente únicamente para alimentar unas 125.000 viviendas, y sólo en la ciudad de Málaga hay unas 246.000.

Mientras tanto, las temperaturas se disparan, como en nuestra ciudad, donde la temperatura media anual sigue una tendencia al alza. Ello hace que tengamos aproximadamente dos grados más de los que solíamos tener cincuenta años atrás.

Con estos datos sobre la mesa, no es que no sólo no estemos generando energía limpia de un modo suficientemente rápido como para poder afrontar el desafío del cambio climático (y eso que la inversión global estos últimos años ha aumentado más de un 500% con respecto a la de hace 15 años); es que apenas hemos comenzado a afrontar el problema. Proclamar que, con ciertos planes que incluirán las mismas medidas de siempre, lograremos la neutralidad en las emisiones de gases de efecto invernadero en el horizonte de 2050, es un cuento chino o una fábula del país de las maravillas.

Es necesario que dejemos de aparentar que estamos haciendo algo, cuando no es así, que nos olvidemos de nuestra imagen, que tomemos el camino de la verdad. Es ineludible un cambio de mentalidad, dejar de seguir haciendo lo que hacemos siempre porque sí, atender de una vez a los datos científicos que nos dicen lo que ocurre con las temperaturas, lo que está pasando en los casquetes polares, que se hunden, cómo aumentan los incendios, los huracanes, las sequías, el nivel del mar…

Si bien es cierto que resulta complicado abordar el problema del clima cuando una gran arte de la población mundial sufre la falta de trabajo, la carencia de centros hospitalarios…, nuestros dirigentes tienen la obligación de tratar esta cuestión con el rigor y la perspectiva necesaria, de explicar con claridad qué puede ocurrir y qué vamos a hacer para tratar de evitarlo.

Einstein, en una carta dirigida a un padre que había perdido a su hijo, escribió: «Un ser humano es parte de la totalidad, llamada por nosotros Universo, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones, como separado del resto, esto es, una especie de ilusión óptica de su conciencia».

La sabiduría de esta afirmación se constata con el tratamiento que damos a la subida de temperatura en nuestro universo más cercano, nuestro planeta. Si nuestra temperatura corporal sube un par de grados, está claro que tenemos fiebre, que estamos enfermos, y tomamos medidas rápidas para curarnos; pero si le sucede a la Tierra, ya los estamos viendo.

El problema del clima se ha tratado y se trata de forma aislada; a menudo como una suma inconexa de objetivos independientes. Abordar con éxito el problema del clima puede depender de que se considere parte de un proyecto más amplio de mejora de la ciudad que incluya el desarrollo económico y la protección del medio ambiente. Este desarrollo económico, que ha de abogar por una mayor igualdad, por una prosperidad más justa, debe ser radicalmente distinto al desarrollo actual en el que el 10% la población mundial más rica es responsable del 50% de las emisiones contaminantes, mientras que el 50% más pobre lo es sólo del 10%.

Pero los datos nos dicen que no vamos por la dirección adecuada. De hecho, todo el incremento de las energías renovables en los últimos siete años no sería suficiente para cubrir ni siquiera el aumento de la demanda global de energía de un solo año desde 2010. Para más pesar, el consumo de combustibles fósiles y el de las energías renovables aumentan al mismo ritmo en los últimos 10 años.

Por ello, insistir solamente en las medidas clásicas sin ampliar la visión con la información que nos ofrece la ciencia de vanguardia, no nos hará avanzar. Por ejemplo, en términos energéticos, los estudios recientes corroboran que no basta con una tecnología individual y que son muchas las que pueden resultar útiles. Uno de estos estudios nos indica que, debido a la variabilidad geofísica intrínseca de la generación eólica y solar, la cantidad de electricidad que puede ser satisfecha utilizando sus recursos es bastante lineal para cubrir aproximadamente el 80% de las necesidades medias anuales de electricidad, pero que, más allá, la capacidad de generación eólica y solar, añadida a la cantidad de almacenamiento de electricidad necesaria, aumentaría considerablemente haciéndolo ineficiente.

Debemos valorar estos datos científicos y actuar basándonos en ellos. No seamos como el conejo blanco y lleguemos tarde y sin rumbo a nuestro destino, haciendo del cambio climático una aventura de ficción. Seamos inteligentes (de la ciudad inteligente ya hablaremos otro día…) y no nos creamos como el malo que canta Pearl Jam en 'Do the Evolution': Evolucionemos, vamos, vamos…

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