Cambiar (solo) de nombre

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

A comienzos de la semana que hoy acaba tuve la ocasión de ver la entrevista que le hacían en un matinal de televisión a los líderes de Adelante Andalucía, lo que viene siendo Unidos Podemos, pero con otro nombre. Por cierto que nunca me han producido mucha confianza las personas, empresas u organizaciones, que se cambian de nombre. Normalmente nuestro nombre es el mejor capital que tenemos, por eso no queremos mancharlo ni que nos lo manchen.

Cambiarse de nombre puede ser legítimo, pero también suele ser una forma de reconocer que hiciste algo que te desacredita o te avergüenza. Cuando una empresa vende un producto que falla, o con el que se han intoxicado las personas que lo consumieron, puede hacer cualquier cosa menos seguir fabricando el mismo producto peligroso o inútil, pero cambiándole el nombre y el envase. Algo así pasa con los partidos. Si mantienen el nombre es porque, a pesar de sus errores, el balance de su historia es positivo, y confían en sí mismos y en sus electores, si lo cambian es porque el balance les da negativo.

Los socialistas hemos mantenido el mismo nombre desde 1879. Socialistas es como nos llamamos y socialista es como se llama nuestro partido. A lo largo de nuestra historia hemos cometido errores, hemos pagado por esos errores y hemos aprendido de ellos. Con todo, la España y la Andalucía de hoy se parecen mucho más a las que soñaron nuestros fundadores que a la España y la Andalucía que soñaban quienes los reprimieron y encarcelaron. Por eso mantenemos nuestra identidad, porque nos podemos reconocer en los valores que defendían Pablo Iglesias y sus compañeros en el siglo XIX del mismo modo que él podría reconocerse en nuestro proyecto actual para el siglo XXI.

El socialismo, como lo llamamos nosotros, la socialdemocracia como la llaman los centroeuropeos, o el laborismo, como lo llaman los británicos, es la síntesis de un Estado del Bienestar poderoso, de la democracia representativa de matriz republicana y liberal, y del Estado de Derecho. Y ese proyecto sigue siendo el producto más moderno y avanzado que se puede encontrar en las estanterías de la política. Otros, con nuevos nombres, tratan de disimular el caduco producto que traen en su cesta programática, y que solo sirve para facilitar el acceso al poder a la derecha en Andalucía. Por eso al escuchar las críticas al socialismo andaluz que hacían los líderes de Adelante Andalucía, me parecía estar oyendo los pensamientos de quienes han inspirado, desde la derecha, ese infame y peligroso cartel que llama ratas a todos los presidentes andaluces desde Rafael Escuredo a Susana Díaz.

Al final de la entrevista televisiva el líder de IU decía: «Los socialistas llevan 36 años en el poder en Andalucía, y ya no deben seguir aunque sea por razones biológicas». Resulta irónico porque el líder de IU que decía esas palabras tiene 52 años, y la presidenta Díaz 44. Claro que, no solo la presidenta Díaz es más joven y más moderna políticamente que el líder de IULV-CA, también lo es el presidente Escuredo.

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