Cacharros que vuelan

Fotograma de 'Regreso al futuro II' e instantánea de Franky Zapata sobre el Canal de la Mancha./
Fotograma de 'Regreso al futuro II' e instantánea de Franky Zapata sobre el Canal de la Mancha.
ALBA CARBALLALMadrid

Han pasado treinta años desde que, en 'Regreso al futuro II', Doc dijese aquello de «adonde vamos no necesitaremos carreteras». Con el futuro, igual que con los Reyes Magos, pasa una cosa distinta según con quién hables: o no existe o cada año llega más cargado. De lo que no cabe duda es de que somos una especie con tendencia a imaginar porvenires ingrávidos. Desde que el inventor Franky Zapata surcó el cielo de París durante el desfile militar del 14 de julio, y teniendo en cuenta que acaba de cruzar el Canal de la Mancha sobre su tabla voladora, el aeropatín de Marty McFly ha dejado de resultarnos tan marciano; Uber ya ha anunciado que el próximo año implantará un sistema de taxis voladores en Nueva York, que poco tendrá que envidiar a los coches futuristas de Hill Valley; y, además, nos las hemos arreglado para poder comprar en cualquier juguetería unos trastos teledirigidos capaces de subir a nuestro antojo y grabar escenas dignas de cualquier superproducción cinematográfica de finales del siglo pasado.

Que los seres humanos tenemos debilidad por las cosas que se elevan es un hecho: desde el fracaso de Ícaro hasta el éxito relativo de los hermanos Wright, pasando por aquel plumilla del Daily Planet que hizo soñar a generaciones enteras con el don del vuelo, nos produce fascinación la simple posibilidad del despegue. Pero, como decía aquel anuncio de la tele, la potencia sin control no sirve de nada. Y la técnica sin dos dedos de frente, tampoco. A ver si al final va a resultar que, cuando al fin el viejo anhelo se materializa y empezamos a ser dueños de los revoloteos a pequeña escala, sólo sirven para controlar las guerras, para que los ricos se salten la democrática fila del atasco matutino o para que, por si fuera poco, la DGT se hinche a multar a los carcamales que aún nos conformamos con las carreteras.