Burundanga

El sueño de todo timador es vencer la voluntad de los propietarios de las virtudes que anhela. Los que roban acaban por tener o detentar las posesiones o la posición social o institucional que nunca les correspondieron

Burundanga
JOAQUÍN L. RAMÍREZ

La hioscina o escopolamina es una sustancia del grupo de los alcaloides tropánicos que se encuentra como metabolito secundario en algunas plantas (el estramonio, la mandrágora, la brugmansia o la escopolia). Llamada vulgarmente burundanga en la mayoría de los países iberoamericanos, es una droga muy tóxica y llega a causar delirios, estupor, parálisis y hasta la muerte. Hay una idea muy extendida de que la escopolamina o burundanga produce la anulación de la voluntad de quien la ingiere o incluso amnesia o inconsciencia. Por esa causa hay quienes la usan para delinquir abusando de sus víctimas de mil y una maneras. La realidad es que sus efectos se materializan en graves intoxicaciones que desembocan en importantes episodios de psicosis, súbitos aumentos de la tensión, arritmia, taquicardias o incluso infartos de miocardio o estados de coma, con fatales consecuencias.

Hoy día muchas son las noticias acerca del uso presunto de esta nefasta droga para llevar a cabo robos, violaciones o asaltos. Al fin se trata de vencer la voluntad de la persona asaltada con las peores intenciones que puedan imaginarse. Ello está tan extendido que se han dado casos de atenciones médicas colectivas de urgencia a personas que temieron haber sido envenenadas con esta sustancia debido al estado de psicosis en según qué lugares. La burundanga es tenida en nuestros días como una amenaza presente de la que cualquier precaución tomada será poca para librase de ella. El aliento del diablo o polvo zombi es temido también por las dificultades para ser detectado, desaparece del organismo en pocas horas.

Hay sucesos e historias contadas por las propias víctimas en las que han sido robadas, abusadas o violadas, y no han podido ni resistirse. Las personas que han contado verse envueltas en situaciones similares han sentido algo en su interior que les impedía rebelarse o han olvidado lo ocurrido y se han encontrado con terribles resultados, ya sean materiales o físicos. No se sabe, según en qué cultura o país, si la escopolamina lleva añadida alguna otra sustancia que favorece las nefastas intenciones de sus asaltantes.

Más allá de la terrible situación de envenenamiento motivado con los peores propósitos, es importante anotar que el sueño de todo timador es vencer la voluntad de los propietarios de las alhajas, dineros o virtudes, que anhela. En el fondo se trata del relato de la actuación del impostor, crear la situación más beneficiosa para obtener lo que no merece mediante engaño u otros instrumentos o artimañas. Los que roban, ya sean bienes o infundada fama, lo hacen mintiendo o trampeando y, si tienen éxito en sus lamentables planes, acaban por tener o detentar las posesiones o la posición social o institucional que nunca les correspondieron.

Estos días estamos envueltos -inmersos- en período electoral y, cuando acabe la primera cita de abril, seguirá otra hasta finales de mayo. Los partidos políticos, sus candidatos y sus ofertas electorales, se nos acercan por múltiples vías. La sociedad suele estar a otras cosas, siempre lo está, pero a la vez la mayor parte de ella sabe y reconoce la importancia de participar y decidir las condiciones de futuro. Hay que analizar y hay que decidir, no es baladí elegir a uno u a otro sin pensarlo con cierta tranquilidad e información. A la vista está que no hay candidatura perfecta, pues humanas son todas las propuestas y sus portavoces. Todo permanece abierto para que los electores señalen el camino y todo puede pasar, digan lo que digan los que dicen entender de esto más que nadie.

Dicen que Podemos se hunde, que por ello el PSOE sube, que el voto del centro derecha y de la derecha se divide, que Vox atrae al voto épico y aumenta su expectativa, que Ciudadanos modera su crecimiento con un gran frenazo y que, ante ello, el PP atempera sus resultados. También dicen que, a la postre, habrá mayoría a la andaluza. Ya saben, una coalición a tres con una mayoría parlamentaria de más de 180 diputados encabezados por los Populares con Ciudadanos y el apoyo del tercero en discordia... Puede que sí o puede que no. Lo que sí parece claro es que un escrutinio final que dé ganador a Sánchez, aunque sea pírricamente, es harto difícil, tras sus indecentes devaneos con los que quieren destruir la unidad constitucional de España. Porque, señoras y señores, que gane Pedro Sánchez es algo que sólo puede ocurrir si a los españoles nos soplan encima altas dosis de una sustancia mucho más fuerte que la peor burundanga.