Burbujas

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Después de que media sociedad saliera escaldada del reventón de la burbuja inmobiliaria, se ha instalado una cierta tendencia a usar el término burbuja para todos los fenómenos ligados a la economía que aparentan estar sustentandos en fortalezas ficticias, artificiales y por lo tanto perecederas. Así, se ha hablado de la burbuja de las tecnológicas, de la burbuja de las energéticas ligadas a las renovables, de la burbuja del alquiler, sustentada en el boom del alquiler turístico, y también hasta de una posible burbuja turística.

Este año, cuando se ha visto que el sector turístico no ha sido capaz de mantener el crecimiento sostenido que se venía experimentando en los últimos años, con una caída significativa en el número de visitantes, muchos de quienes venían advirtiendo de una burbuja en el turismo han pretendido ver confirmadas sus tesis. Más, cuando el martes se conocieron los datos del paro, que reflejaron una caída histórica de la afiliación a la Seguridad Social, que no demuestra otra cosa que el pesimismo empresarial sobre la posibilidad de estirar la temporada alta al menos hasta finales de septiembre. Romper la estacionalidad y diversificar la economía siguen siendo los grandes desafíos y las preguntas recurrentes para las que aún no se encuentra respuesta.

Sin embargo, atribuir a la bajada del turismo experimentada en julio y agosto la categoría de pinchazo de una burbuja es ciertamente exagerado. Es verdad que el crecimiento de los últimos años estaba sustentado en parte en una situación provisional, la debilidad de algunos destinos competidores por la inseguridad al sur del Mediterráneo. La desaparición de esa sensación de inseguridad -o la extensión de esa sensación también a los destinos españoles después del atentado en Barcelona en agosto del año pasado- ha evaporado esa ventaja comparativa. Pero ello no significa que el crecimiento de la Costa del Sol durante el último lustro no haya estado sustentado, además, en fortalezas ciertas sobre las que es necesario seguir trabajando. Sólo desde un análisis lastrado por la frivolidad se puede decir que Marbella u otros destinos de la Costa del Sol están amenazados por la decadencia.

Eso no significa que no existan otras burbujas en nuestra economía que sí suponen una amenaza cierta. El de los alquileres es uno de ellos, y posiblemente quien haga inversiones inmobiliarias con el cálculo de que los precios seguirán creciendo a este ritmo en una economía con salarios estancados irá camino de estrellarse. La otra burbuja, de la que apenas se habla, es la de un crecimiento del empleo basado en precariedad y bajos salarios. Una economía como la española, sustentada en gran parte en el consumo interno, no puede sostener semejante despropósito indefinidamente.

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