Burbuja musical

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Han pasado ya más de dos décadas desde que el concierto de los Rolling Stones en el puerto de Málaga marcara un punto de inflexión para los grandes eventos musicales en la Costa del Sol. Es verdad que antes de aquella visita distintas localidades de la provincia, sobre todo Marbella, habían acogido a artistas punteros, como Michael Jackson o Prince. La celebración de conciertos de primer nivel no era una novedad para los veranos de la Costa del Sol. El punto de inflexión que supuso aquel concierto histórico de julio de 1998 en la explanada del puerto de Málaga fue el de la intervención directa de las instituciones públicas en la financiación de este tipo de eventos.

Sólo los más antiguos recuerdan el fiasco económico que para el Ayuntamiento de Málaga supuso en 1989 ponerse a promotor musical con algunas de las estrellas más rutilantes de aquel momento. George Michael, Duran Duran y Paul Simon generaron un agujero económico de proporciones en las arcas municipales y disuadieron a las instituciones públicas de meterse a promotores de conciertos hasta que casi una década después el entonces Patronato de Turismo de la Costa del Sol volvió a incursionar en ese terreno. El concierto de los Rolling Stones fue memorable, pero su resultado económico volvió a ser ruinoso. Desde entonces, las instituciones se centraron en dedicarse a lo suyo y más allá de algún patrocinio puntual el mundo de los grandes conciertos pasó a regirse por las normas del mercado. Así fue como en 2005 el Hipódromo de Mijas acogió a figuras como Elton John o Rod Stewart y, más recientemente, Marbella, a partir de una iniciativa privada, volvió a coger el pulso de los grandes eventos musicales en su cantera bajo la marca Starlite.

Este éxito parece haber despertado el afán musical de alto vuelo en otros municipios de la Costa del Sol que aspiran a pujar por disputar a Marbella la condición de emblema del verano. No se puede decir que se trate de un objetivo oculto. En una entrevista concedida a este periódico, la alcaldesa de Fuengirola, Ana Mula, reconoció de manera explícita su intención de que el ciclo de conciertos que se organiza en su municipio eclipse a otros destinos musicales. Este año lo ha conseguido con Jennifer López en un evento cuyos promotores sólo se tienen que preocupar de vender entradas y de pagar el caché de la artista, porque el resto corre por cuenta del Ayuntamiento.

El dinero público vuelve a irrumpir en el sector de los conciertos. Estaría bien que se fijaran reglas de juego claras para que la competencia entre municipios sea lo más leal posible. Y también para que no se hinchen burbujas que a la larga acaban pagando los de siempre.