Bruselas

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

Frente al edificio Berlaymont, sede de la Comisión Europea, se puede encontrar bacon en un plato vegano. Nada es lo que parece en Bruselas. Esperando el taxi en su ajetreado aeropuerto me sorprendió cómo algunos pasajeros dejaban pasar turno para no subirse en algunos vehículos. El denominador común de los conductores rechazados es que eran de apariencia árabe; es decir, supuestamente musulmanes; el de los pasajeros, la de centro europeos, también supuestamente. En ambos casos solo se trata de las apariencias. Obviamente, ni todos los taxistas de origen árabe en Bruselas son musulmanes, ni estos fundamentalistas o terroristas ocultos (el fondo de la cuestión); ni tampoco los centro europeos son xenófobos solo por serlo. Pero algunos puede que sí lo sean. Fue una percepción mía, sin datos objetivos porque ni les pregunté ni hablé con ninguno, lo confieso, pero fueron varios en los que observé el rechazo y me sorprendió. Esta ciudad es sede de la Unión Europea, cuyo lema principal desde su fundación es la defensa de los derechos humanos. Me quedé impactada.

En su estancia en Bruselas, el presidente andaluz, Juanma Moreno, ha tenido que responder varias veces a los periodistas corresponsales en la capital europea sobre Vox. A su equipo le sorprendía que se preguntara por este partido cuando en Andalucía Vox pasa más desapercibido que en otros sitios, pongamos que hablo de Madrid. Entonces me vino la imagen de las personas esquivando a los taxitas de piel más oscura en la parada del aeropuerto. Parecía gente normal; me estremecí.

Juanma Moreno siempre ha cultivado un perfil moderado dentro del PP, en sintonía con su propia personalidad. Las encuestas también lo reflejan así. Los ciudadanos le sitúan más al centro que a su propio partido. Mucho tiene que ver esta imagen con su empeño por parecer alguien de sentido común, al que le gusta dialogar y llevarse bien con todo el mundo.

En su primer día en Bruselas concertó un almuerzo con corresponsales españoles. Era una invitación difícil, ya que competía con el 'examen' de idoneidad de Borrell para comisario europeo. El encuentro estaba tasado en poco más de una hora por ello. Todos estuvieron más tiempo del previsto y la cita fue muy concurrida, incluso pagando a escote. Muchos de los convocados se asombraron de la empatía del andaluz y de su talante mesurado habiendo sido presidente por Vox; y mucho más se sorprendieron de que no se pareciera en nada a su colega de Madrid. El viaje le ha reportado al presidente andaluz una buena imagen. Ahora solo queda que al volver a casa para negociar el Presupuesto, Vox, y su obsesión por los inmigrantes y la igualdad de la mujer, no se la estropee. Espero que aquí nunca pase lo que en la cola del taxi del aeropuerto de Bruselas.