La broma infinita

Las etiquetas de los productos alimenticios no tienen ninguna gracia

PABLO ARANDA

No sé cómo encajarían las siete sílabas de 'camión frigorífico' en un poema de García Lorca. El caso es que ayer mangas verdes levantaron su saludo en la tarde detenida de una curva. O sea, que en un control rutinario en Fuente Vaqueros, donde nació Lorca, la Guardia Civil dio el alto a un camión frigorífico cargado de jamones. Las etiquetas estaban modificadas y el caso podría relacionarse con el descubrimiento de 30.000 kilos de carne congelada caducada en Mallorca, o con la hallada en estado de putrefacción en naves valencianas. El diseño elevado a ingeniería es una de las profesiones del presente, que se asemeja al futuro más antiguo. Expertos se encargaban de cambiar las etiquetas y devolver la carne al mercado, donde nosotros la devolveríamos en nuestros aposentos más oscuros e íntimos. El caldo ideal para acompañar una tapa de jamón podrido es una botella de vino rosado español barato, que se comercia en Francia como si fuera francés. El fraude del vino puede llevar a la cárcel a los ingenieros de la confusión. Se habla de millones de litros importados de España para ser vendidos como si fueran vinos franceses, más caros y más ohlala. En uno de cada cuatro comercios franceses inspeccionados se han hallado estas botellas ambiguas y parece que pocos clientes se habían quejado. Si los franceses no se quejan podemos pasar a beber vino barato. No se investigaba la calidad sino el engaño. Pero cómo no vamos a ponernos malos.

España está batiendo plusmarcas por anisaki, la infección causada por comer pescado crudo, un recuerdo que uno puede llevarse de Japón y de España, segundo consumidor de pescado. Tenemos 8.000 afectados al año, 670 de ellos en Euskadi, de hecho anisaki parece un vocablo del euskera. Mi abuela indicaba al camarero quién de nosotros había pedido aguardiente diciendo anisaki. Se lo bebía de un trago y le molestaba si le decíamos: abuela, ¿quiere usted otro? La verdad es que nunca hablé de usted a mi abuela, pero queda más costumbrista. Ella se molestaba pero se tomaba otro, aunque prefería el coñac.

En Málaga se ha comenzado un programa para modificar hábitos alimenticios en la generación del bollycao. Los médicos han denunciado que algunos niños no sabían correr, como bromeaban Idígoras y Pachi sobre los jugadores del Málaga. Hay que entender a los futbolistas: si somos once que vaya otro por el balón.

En los bancos también modificaron las etiquetas de algunos productos y algunas fechas de caducidad y al final, a pesar de los controles, miles de personas se quedaron sin ahorros. Ahora podrían estar en la playa observando al helicóptero de la policía perseguir una narcolancha que se adentra hasta la arena, pero no pueden pagar el viaje. El inspector del Banco de España y del Banco Central Europeo ha comparecido en el Congreso para no decir nada sobre la crisis del Popular. Ignacio Pardo podría haberse quedado en casa. Los afectados se habrían ahorrado esta nueva broma. Anisaki bancario. Prefiero una tapa de jamón caducado a que un banquero grande se ría de clientes que creyeron que lo que leían en la etiqueta era verdad.

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