La brisa de la Historia

Bilbao o Cantabria son el sur, como Galicia o Teruel y el Pirineo catalán. Ello no obsta para reconocer que, más allá, en Sevilla o la Bahía de Málaga o Cádiz, estamos y somos el sur del sur

La brisa de la Historia
JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Aestas alturas, a mitad de agosto, tenemos la clara sensación de atravesar el ecuador veraniego, pero también de que el verano se acaba. Todavía nos da tiempo para dar una vuelta o hacernos una foto en algún lugar bello y desacostumbrado, y la haremos. Aunque quedan sólo unos días, en muchos casos se trata de jornadas intensas de descanso o fiesta, algunas de pura inmersión lúdica, folclórica o tradicional, o con todos los ingredientes a la vez. Este año, al quitarnos la corbata, hemos podido comprobar que las altas temperaturas no tienen antídoto, hay que pasarlas. Los fantasmas de la sequía o del cambio climático se nos han presentado a la puerta todos de golpe y son insufribles. De hecho traerán cola, restricciones, nuevas pautas de comportamiento y hasta dietas recomendadas. Y así hasta las lluvias que, si llegan y llegan bien, siempre nos dan un respiro y tapan bocas.

Los pequeños seres humanos, esos diminutos borrones puestos encima del globo, son gotas de vida que trasiegan para buscar la sombra o el abrigo después de beber y comer. Temerosos de todo exceso, en este exagerado estío, añoran la brisa, la marina, la fluvial o la serrana, según corresponda y se pueda, si ésta es disponible. Hace no tanto, los artilugios de aire acondicionado ni estaban generalizados ni teníamos el hábito de usarlos. Hoy, aunque no llega a todas partes, el climatizador está en muchos hogares y da gusto acudir a locales públicos de todo tipo, grandes o pequeños, para degustar respetuosas temperaturas y así ocuparnos de otra cosa.

La brisa es esa encantadora corriente de aire de temperatura moderada cuyo leve movimiento produce la agradable sensación de refrescar nuestro rostro y cálido y complejo cuerpo. Su llegada, su irrupción y su constancia, son lo más buscado estos días, un bien escaso que regala uno de los placeres más elementales pero más deseados.

España es un país del sur, ese punto cardinal al que todos quieren venir y cuyo calor vienen a buscar y agradecen al llegar. Como en toda península o forma geográfica en España no sólo hay sur, también y relativamente hay norte, oriente y occidente, pero la verdad es que todo es sur -algo que a muchos les cuesta admitir-. De modo que Bilbao o Cantabria son el sur, como Galicia o Teruel y el Pirineo catalán. Ello no obsta para reconocer que, más allá, en Sevilla o la Bahía de Málaga o Cádiz, estamos y somos el sur del sur -ya lo dijo y con insistencia el periodista Pedro Luis Gómez, caligrafiando la evidencia-. Aquí, allí y acullá, tortilla española y gazpacho en mano, estamos esperando la brisa y este año se hace rogar.

Un día como ayer, hace quinientos años, Fernando de Magallanes -militar y navegante portugués al servicio de la Corona española-, Juan Sebastián Elcano y más de 200 marineros en una expedición fletada por la España del emperador Carlos I -y V de Alemania- embarcaron en el muelle de Mulas en Triana. Las naves la Trinidad, San Antonio, la Concepción, la Victoria y la Santiago, se dispusieron a aquella aventura que daría la primera vuelta al mundo con una incompleta carta de navegación que ya nunca más tendría esa carencia. Juan Sebastián Elcano, marinero español de Guetaria, nacido en 1476, acabaría por ser el jefe de aquella epopeya, tras la muerte en combate de Magallanes en la isla de Mactán (Filipinas) en 1521. A su arribada la expedición al mando de Elcano sólo se componía de una nave, la Victoria, 216 hombres perecieron durante el viaje y sólo 18 pudieron llegar a puerto sanos y salvos. Tras atravesar el índico y dar la vuelta al continente africano, Juan Sebastián Elcano completó la primera vuelta al mundo llegando a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522 y el 8 de septiembre a Sevilla.

Salieron por el Guadalquivir desde Sevilla a Sanlúcar y el Atlántico, hacía calor, mucho calor. Se enfrentaron a un mundo desconocido con la sola sabiduría del descubrimiento por Vasco Núñez de Balboa de los llamados Mares del Sur -luego océano Pacífico- y volvieron diezmados y exhaustos. Aquella gesta única y pionera legó a la humanidad el primer mapa completo de la Tierra. El 10 de agosto de 1519 -dicen los partes marinos de la época- el aire era pesado y cálido, no había ni atisbo de brisa, Elcano y los suyos zarparon a buscarla y escribieron la historia.