Boquerón Warhol

La exposición sobre Warhol ha sumado prestigio a nuestra despendolada Ciudad de los Museos

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Despedimos de Málaga a Andy Warhol con la misma emoción que sentimos cuando le dimos la bienvenida: entusiasmo. Primero, por tener la oportunidad de haber conocido mejor a quien, junto a otros dos artistas extraordinarios como Picasso y Duchamp, ha formado parte de una tríada compleja pero imprescindible para todo el mundo; el siglo XX y sin duda el arte actual habrían sido diferentes sin la aparición de alguno de esos tres sujetos revolucionarios. Ahora despedimos a Warhol con la certeza de haber acogido una exposición que no solo ha sido la mejor de este año en Málaga, sino que su multitudinario paso previo en versión reducida por los Caixafórum de Barcelona y de Madrid la va a convertir con todas las probabilidades en una de las mejores y más visitadas muestras artísticas de todo el territorio nacional en estos últimos años.

La exposición 'El arte mecánico', una de las más completas que jamás se han producido sobre la obra de Warhol, ha aportado prestigio a nuestra despendolada Ciudad de los Museos. Nos ha sentado muy bien, Málaga es una ciudad pop. Quedará grabado en nuestra memoria el recorrido que se ha trazado sobre toda su obra pero, como hay recuerdos que se borran si no son alimentados, podemos conservar como un sublime souvenir el magnífico catálogo que el museo ha editado para la ocasión. Se nos queda pendiente, esto sí, una poderosa idea de Tecla Lumbreras que proponía convocar al mayor número posible de individuos para despedir a Warhol con una fiesta clandestina en la discoteca que estuvo habilitada en las salas del Picasso. Habría estado bien. Probablemente nos habrían echado del museo.

El año pasado acudió al Museo Picasso un número de visitantes similar al total de habitantes de la ciudad: 636.000. Sin embargo, la diferencia entre el público local y el visitante es abismal, tal y como suele ocurrir en otros centros malagueños. A todos nos constan los esfuerzos que realizan sus responsables para paliar esta distancia. El programa pedagógico del CAC Málaga es especialmente plausible, como son las actividades culturales con las que el tándem Pompidou-Museo Ruso aderezan intelectualmente sus muestras. Me temo que el hecho de que haya muchos más visitantes extranjeros que malagueños, incluso que españoles, es un síntoma que no corresponde a la oferta, sino a la demanda. Mantenemos la antigua reivindicación de que los museos imbuidos de fondos públicos y municipales sean gratuitos para los malagueños, pero no es una cuestión de dinero. Todos los centros que cobran entrada (no lo hace por ejemplo el Museo Jorge Rando, que es privado, lo cual es meritorio) ofrecen al menos un día a la semana con entradas a coste cero. En sus puertas suelen formarse colas, pero en ellas resulta difícil identificar a alguien de aquí. Y es que somos nosotros, los malagueños, quienes tenemos que contradecir con nuestra presencia la certeza de que esta vibrante oferta expositiva que alberga nuestra ciudad está diseñada para la gente que viene de fuera.

 

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