Bolsa del SAS

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

La Administración tiene que cumplir con la mayor escrupulosidad la ley y dar ejemplo de transparencia a la hora de llevar a cabo las contrataciones. Eso es un axioma. Cuestionarlo significaría defender la vulneración de la normativa legal. La apuesta por las buenas prácticas es la mejor forma de evitar malas artes y de impedir el favoritismo. Ahora bien, eso no debería significar caer en el burocratismo y en los vicios del papeleo excesivo. Lograr un cambio en los hábitos de las administraciones es como darse de bruces contra la pared, una especie de castigo como el que sufrió Sísifo, condenado a subir una y otra vez una pendiente con una redonda piedra como si estuviese metido en el día de la marmota. Dejando claro que la ley hay que cumplirla sin alterar ni una coma, considero que es necesario poner fin a las rigideces que imperan en el sector público, porque no hay argumentos sólidos para sostener modos de actuación más propios del siglo XIX que del XXI. Vaya por delante que nadie es más que nadie y que los contratos que se hagan tienen que ser en función de los méritos, la capacidad y los conocimientos del profesional al que se contrate. Sin embargo, hay cuestiones que deben ser revisadas y mejoradas en aras del bien común y del beneficio general de la población.

Por ejemplo, la actual bolsa de trabajo del Servicio Andaluz de Salud (SAS), sin que pierda ni medio gramo de su transparencia, habría que hacerla más diligente, rápida y eficaz. Hay que garantizar todos y cada uno de los derechos de las personas que están en esa bolsa a la espera de que las llamen para trabajar. Eso es innegociable, pero, sin que se altere nada de lo sustancial, el proceso de contratación precisa de una mayor fluidez, porque de esa manera se solucionarían aspectos que en estos momentos cuesta una eternidad sacar adelante. No es de recibo que para cubrir la interinidad de una plaza de enfermería haya que esperar cinco meses y medio o que, con la falta de médicos de familia que existe, se queden sin hacer contratos por una traba burocrática. Una cosa es garantizar que los procesos de contratación se formalicen con luz y taquígrafos y otra bien distinta poner piedras en el camino a asuntos que hay que resolver hoy mejor que mañana. Si la bolsa del SAS no es todo lo operativa que debería ser, los que gobiernan ahora en la Junta de Andalucía tendrían que subsanar esos inconvenientes y, sin hacer de su capa un sayo, convertirla en una herramienta más ágil, eficiente y resolutiva.