BOCHORNO Y BURLA EN WESTMINSTER

ANÁLISIS

Theresa May y su 'Brexit' se hicieron añicos el pasado martes en el Parlamento británico al ser rechazado el acuerdo con Bruselas de 25 de noviembre de 2018 de forma aplastante, 202 votos a favor y 432 en contra. La afrenta que esto supone para May lo es en mayor medida si consideramos que 118 diputados conservadores hicieron mutis por el foro y nutrieron el grupo del 'no'. Desde este aciago momento, la primera ministra encabeza el ranking de desastres parlamentarios al superar al hasta ahora número uno, el laborista Ramsey McDonald y sus 166 votos en contra allá en el lejano año de 1924.

El drama parlamentario ha alcanzado su punto álgido desde que hace dos años y medio se celebró el famoso referéndum. Para muchos británicos se ha convertido, desde entonces, en una barahúnda incomprensible de fragmentaciones en las camarillas de gobierno, de uniones aduaneras ininteligibles, de peroratas tecnocráticas y de todo tipo de llagas que prenden las redes sociales pero que son obviadas por los ciudadanos corrientes. El debate está muy lejos de la opinión pública y parece inviable algún remedio para el desasosiego y pesadumbre del país.

Reino Unido está en un callejón sin salida, lo que podría conducir a una profunda crisis político-constitucional como no se ha conocido desde la Segunda Guerra Mundial. El país se enfrenta al piélago de lo desconocido, a escenarios que van desde el retraso del 'Brexit' hasta la celebración de un nuevo referéndum, pasando por la dimisión de la primera ministra, elecciones generales o, incluso, por un 'Brexit' duro y sin acuerdo. Si se produjese éste, las consecuencias para la economía británica serían desastrosas, fundamentalmente en el sector en el que es una potencia global, el de los servicios financieros. En este marco, se produciría una desbandada de los bancos; el transporte se colapsaría; se suspenderían los vuelos con el continente; los puertos, fundamentalmente el de Dover, se paralizarían y ello destrozaría el sector manufacturero al carecer de componentes; las importaciones de alimentos también se verían muy perjudicadas, etc. y la pobreza y la desigualdad se incrementarían de manera exponencial.

El debate del 'Brexit' está muy lejos de la opinión pública del país

Y todo ello de golpe, sin anestesia alguna y de manera inmediata, desaprovechando los incontestables beneficios de tener una economía abierta, los enrevesados a la par que delicados acuerdos comerciales que mantienen a la economía funcionando y a las personas con empleo aunque dirigentes como Donald Trump estén disparando a su línea de flotación; o el hecho de que la historia británica, aunque peculiar e interesada, nunca haya sido de ruptura con el continente.

El momento es decisivo para los británicos, está lleno de riesgos gigantescos, por una decisión de sus ciudadanos, y definirá su futuro durante las próximas décadas. Pero no olvidemos que hará lo propio también con la UE y de ahí que sea interesante recordar que en la negociación del 'Brexit', la Unión ha tenido como uno de sus objetivos (entre otros) hacer poco atractivo el escenario de salida de la misma para otros miembros que se lo puedan estar planteando. De que fuera un 'Brexit' complicado y penoso, en cierta medida con aspecto de represalia y de correctivo, se ha encargado el país que domina totalmente la Unión y que es el principal problema de un proyecto que se encuentra semiparalizado, nos referimos a la Alemania que tanto se ha beneficiado de la alianza y que tanto ha criticado, y critica, a socios a los que ha exprimido sin piedad. Algún día tendremos que valorar los perjuicios que ha ocasionado en los últimos veinte años a la mayoría de los europeos, incluidos aunque en menor medida los alemanes, el país teutón.

Más