El biomejoramiento humano ha llegado

Queda todavía mucha investigación por delante para que la edición genética de seres humanos sea segura y mucha regulación pendiente para que los objetivos buscados sean justificables

ANTONIO DIÉGUEZCatedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga

La noticia que pensábamos que tardaríamos en ver publicada, pero que pocos dudaban que se produciría antes o después, acaba de aparecer: un equipo de científicos chinos, dirigidos por He Jiankui, de la South University of Science and Technology of China, acaban de hacer público el nacimiento de dos mellizas que han sido genéticamente modificadas mediante la técnica CRISPR para hacerlas inmunes a la infección por el VIH, el virus causante del sida. Una de las dos hermanas, que porta los dos alelos modificados del gen CCR5 en homocigosis, ha quedado completamente inmunizada; la otra, sin embargo, porta un solo alelo modificado y es, por tanto, susceptible a la infección. Lo que se ha hecho mediante edición genética es inhabilitar ese gen para que no produzca una proteína que es la que permite al virus penetrar en las células del sistema inmunitario. De los seis embarazos en diferentes parejas con las que se intentó conseguir ese resultado, solo en este caso se obtuvo un bebé que presentara la modificación completa. Si realmente se ha conseguido esto, significa que el biomejoramiento humano preconizado por el transhumanismo ha comenzado, y lo ha hecho mucho antes de lo que se pensaba.

Habrá que esperar un tiempo prudente para ver confirmados los detalles de la noticia, una vez que se publique en alguna revista científica (si es que no rechazan su publicación por razones éticas, o si es que no se trata de un simple fraude científico), pero es comprensible que desde el primer momento se hayan encendido todas las luces de alarma. Miembros destacados de la comunidad científica y conocidos expertos en bioética han expresado ya una enérgica condena, y la propia universidad bajo cuyos auspicios supuestamente se había desarrollado la investigación se ha desvinculado de la misma y ha negado que concediera su autorización para realizarla.

Aceptemos, no obstante, que He Jiankui dice la verdad. Un paso así en la investigación biomédica es enormemente precipitado, muy arriesgado para los bebés implicados, en los que los efectos a largo plazo de esa edición genética son completamente desconocidos; pero, además, es un paso médicamente injustificado, puesto que hay formas mucho menos arriesgadas de prevenir la infección del sida por parte del padre, que es portador del virus. Algunos ponen en cuestión que todo ello se haya realizado con un consentimiento realmente informado por parte de los padres. Y, dado que no se trataba de curar a los bebés de ninguna enfermedad genética grave, sino tan solo mejorar su dotación genética para evitarles en el futuro un contagio, se puede decir sin ambages que se ha experimentado con dichos bebés de una forma frívola y éticamente reprobable.

No en vano, lo que se acaba de hacer en China está prohibido en los países de la Unión Europea, en los Estados Unidos, y en todos los demás lugares que han legislado al respecto. El único científico notable que ha salido (parcialmente) en defensa de los investigadores chinos hasta el momento (escribo esto unas horas después de que la noticia haya saltado a la prensa) ha sido George Church, catedrático de Genética de la Universidad de Harvard, que es uno de los gurúes del transhumanismo y él mismo defiende propuestas tan polémicas como la de resucitar a un neandertal insertando su ADN en un óvulo humano enuclaeado y permitiendo que una mujer lleve a término su gestación. En contraste, el filósofo oxoniense Julian Savulescu, bien conocido por su defensa del biomejoramiento en el comportamiento moral de los seres humanos, ha publicado un post sumamente crítico en el que califica de monstruoso el experimento realizado.

En mi opinión es importante hacer alguna precisión relevante sobre este asunto del biomejoramiento humano. Lo que resulta claramente censurable en lo llevado a cabo por el equipo de científicos chinos no es el hecho en sí de modificar genéticamente a un ser humano. Pocos sostendrían que haya algo reprobable, por ejemplo, en las terapias génicas, que, al fin y al cabo, buscan curar enfermedades editando los genes de las células somáticas de los pacientes. Más problemático resulta el hecho de que, en este caso, se han modificado genes en la línea germinal, y que, por tanto, estas modificaciones genéticas pasarán a la descendencia. Pero tampoco eso es moralmente reprochable en sí mismo, como argumentó recientemente el Consejo de Bioética de Nuffield en un informe en el que pedía, sin embargo, que cualquier modificación se realizara siempre de forma segura, tomando en consideración el bienestar de la persona, y atendiendo a los principios de solidaridad y de justicia social, de modo que no se generaran desigualdades basadas en esta tecnología. Modificaciones genéticas en la línea germinal se habían realizado ya previamente en embriones humanos, aunque su gestación no se había llevado a término. En agosto de 2017 Shoukhrat Mitalipov anunció haber conseguido reparar en embriones humanos viables un alelo causante de una cardiopatía relativamente común.

Aunque la posibilidad del biomejoramiento humano ha sido criticada tanto desde posiciones políticas conservadoras (Leon Kass o Francis Fukuyama) como desde posiciones progresistas (Jürgen Habermas), creo que hay buenas razones para estar abierto a un uso futuro beneficioso y moralmente aceptable de esas tecnologías. El problema es que aún nos falta mucho por andar en el debate ético y mucho también en la investigación científica que permita su aplicación segura. Lo que han hecho los investigadores chinos es reprobable porque había alternativas mejores para evitar el contagio del sida, porque no han atendido en absoluto las recomendaciones éticas de amplia aceptación en la comunidad científica, y porque no hay ninguna garantía de que, bajo la excusa de producir un beneficio a las dos bebés nacidas, no le hayan causado en realidad un daño irreparable. En este camino, las prisas son inaceptables. Queda todavía mucha investigación por delante para que la edición genética de seres humanos sea segura y mucha regulación pendiente para que los objetivos buscados sean justificables.

 

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