Ausencias y presencias

La ausencia de Javier Conde de la feria de agosto en La Malagueta no tiene ninguna explicación.-José María Ruiz Povedano es recibido por el Rey don Felipe en la recepción a las Sociedades Económicas de Amigos del País.-La personalidad y el encanto de Yusuf Hamied, para las multinacionales farmacéuticas 'un demonio', para los pobres, un 'semidiós'.-El presidente del gigante de los genéricos Cipla es uno de los grandes benefactores de Cudeca.

Don Felipe recibe a Ruiz Povedano en La Zarzuela/SUR
Don Felipe recibe a Ruiz Povedano en La Zarzuela / SUR
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

El pre­gón tau­rino de la Fe­ria de Má­la­ga, ce­le­bra­do en el Co­le­gio de Apa­re­ja­do­res es­ta se­ma­na, se ha con­ver­ti­do en uno de los ac­tos más im­por­tan­tes y 'so­na­dos' en de­fen­sa de la tau­ro­ma­quia de cuan­tos se ce­le­bran en Es­pa­ña. Las pa­la­bras de En­ri­que Pon­ce, las de Ja­vier Con­de, el mon­ta­je en sí mis­mo, el mar­co... El am­bien­te era de ilu­sión, pe­ro tam­bién de pe­si­mis­mo. No co­rren bue­nos tiem­pos pa­ra una de las tra­dicio­nes (se quie­ra o no, gus­te o no) más an­ti­guas no só­lo de Es­pa­ña, sino de Eu­ro­pa, y que en paí­ses 'su­pues­ta­men­te' mu­cho más 'ade­lan­ta­dos' (sic) que el nues­tro, co­mo Fran­cia, ni si­quie­ra se osa dis­cu­tir por na­die. Pe­ro aquí, ya se sa­be... En­ri­que Pon­ce, con más ta­blas que la Pi­qué, es­tu­vo a un gran ni­vel. Sus pa­la­bras, su men­sa­je fue tan ní­ti­do y tan cla­ro co­mo pe­dir al­go tan nor­mal co­mo que «no nos ro­ben lo que es nues­tro». En pa­re­ci­dos tér­mi­nos es­tu­vo Ja­vier Con­de, to­re­ro ma­la­gue­ño aun­que no lo pa­rez­ca. Pe­ro en el men­sa­je de Con­de, el mis­mo que en una no­che de agos­to mon­ta­ra la 'za­pa­ties­ta' ar­tís­ti­ca más gran­de que se re­cuer­da en la his­to­ria de La Ma­la­gue­ta, la mis­ma que ins­pi­ró uno de los ar­tícu­los más emo­ti­vos de Ma­nuel Al­cán­ta­ra, tes­ti­go de aquel acon­te­ci­mien­to, jun­to al re­cor­da­do Joa­quín Ma­rín, y a quien es­cri­be es­tos 'Ho­ri­zon­tes', sub­ya­cía una tre­men­da pe­na, la que po­dría­mos de­no­mi­nar co­mo 'so­le­dad de un to­re­ro', la de un ma­la­gue­ño que ama con to­das sus fuer­zas (doy fe) a su tie­rra y que sin em­bar­go se ve pi­so­tea­do una año y otro tam­bién en su ilu­sión de for­mar par­te de los car­te­les tau­ri­nos de la fe­ria agos­te­ña. La Má­la­ga ma­dras­tra ele­va sus ga­rras en su má­xi­ma in­ten­si­dad con Ja­vier Con­de. No se­rá per­fec­to, sin du­da. No gus­ta­rá a unos y sí a otros, co­mo to­dos. Cae­rá me­jor o peor, co­mo to­dos tam­bién... Pe­ro no me ne­ga­rán que es ex­tra­ño que no to­ree en Má­la­ga uno de sus po­cos to­re­ros, por­que es­ta tie­rra de ca­si to­do aho­ra mis­mo no es­tá so­bra­da de maes­tros de la tau­ro­ma­quia pa­ra ex­hi­bir y dis­fru­tar con ellos. Lo que más mo­les­ta al to­re­ro es que te­nía fir­ma­do, se­gún cuen­ta a quien quie­re es­cu­char­lo, un con­tra­to con la ac­tual ge­ren­cia de La Ma­la­gue­ta y que de la no­che a la ma­ña­na pa­só a ser agua de bo­rra­jas, y que en los círcu­los tau­ri­nos de la Dipu­tación (pro­pie­ta­ria de la pla­za) no só­lo no se apos­tó por él, sino que es­tá con­ven­ci­do de que hay una mano ne­gra que lo per­ju­di­ca y lo per­si­gue. Sea lo que fue­re no es nor­mal que Ja­vier Con­de, to­re­ro de Má­la­ga, se que­de fue­ra de la Fe­ria Tau­ri­na de Má­la­ga, di­gan lo que di­gan los que lo di­gan. Pe­ro tam­bién hay que re­co­no­cer que es al­go que per­si­gue al dies­tro ma­la­gue­ño desde ha­ce mu­chos años, por­que uno re­cuer­da has­ta in­ter­ven­cio­nes di­rec­tas del que en­ton­ces era de­le­ga­do del Go­bierno de la Jun­ta, Lu­ciano Alon­so, con la em­pre­sa de la épo­ca, pa­ra que no lo de­ja­ran fue­ra, in­clu­so en mo­men­tos en los que Con­de era una de las má­xi­mas fi­gu­ras del es­ca­la­fón. Ja­vier es­tá só­lo. Se le no­ta tris­te. Es nor­mal. Su­fre en si­len­cio, aun­que al­gu­nas ve­ces no pue­de más, co­mo el día del pre­gón, y es­ta­lle aun­que só­lo sea 'un cuar­to y mi­tad'... Lo ra­ro es que na­die in­ter­me­die en es­ta ex­tra­ña di­ver­gen­cia y en es­te ab­sur­do des­en­cuen­tro, so­bre to­do, y eso es así, cuan­do no se tra­ta de un te­ma de di­ne­ro, ni mu­cho me­nos, va­ya a ser que ha­ya quien así lo pien­se. Es la so­le­dad de Con­de, to­re­ro de Má­la­ga, su pe­na y su tris­te­za, y la de su fa­mi­lia, em­pe­zan­do por su mu­jer, la gran Es­tre­lla Mo­ren­te.

Yusuf Hamied (izquierda), con su buen amigo Ricardo Urdiales, el pasado viernes en Benalmádena.
Yusuf Hamied (izquierda), con su buen amigo Ricardo Urdiales, el pasado viernes en Benalmádena. / SUR

Buen afi­cio­na­do tau­rino, el que fue­ra pre­si­den­te de la Dipu­tación, Jo­sé Ma­ría Ruiz Po­ve­dano, via­jó el miér­co­les a Ma­drid lla­ma­do por el Rey. Don Fe­li­pe VI, que es­tá aguan­tan­do un 'cha­pa­rrón' que hu­bie­ra ya ca­la­do has­ta los hue­sos a cual­quie­ra me­nos pre­pa­ra­do que él, re­ci­bió en au­dien­cia a los 16 pre­si­den­tes de las ac­tual­men­te exis­ten­tes So­cie­dad Económica de Ami­gos del País, cu­yo ori­gen se re­mon­ta a tiem­pos de (se­gun­da mi­tad Car­los III del XVIII) con la fi­na­li­dad de di­fun­dir las nue­vas ideas y co­no­ci­mien­tos cien­tí­fi­cos y téc­ni­cos de la Ilus­tra­ción, sien­do un ins­tru­men­to pa­ra im­preg­nar a to­da Es­pa­ña del re­for­mis­mo bor­bó­ni­co. De las más de 100 que hu­bo en sus bue­nos tiem­pos, só­lo que­dan hoy 16 (una en Cu­ba), en­tre ellas la de Má­la­ga, con esa ma­ra­vi­llo­sa se­de ubi­ca­da en la pla­za de la Cons­ti­tu­ción. El en­cuen­tro con el Je­fe del Es­ta­do se fra­guó en el con­gre­so de so­cie­da­des eco­nó­mi­cas ce­le­bra­do en Jaén en ju­nio, y del mis­mo sur­gió es­ta au­dien­cia que Ruiz Po­ve­dano ca­li­fi­ca co­mo de 'ex­cep­cio­nal'. Co­mo so­cie­da­des pa­trió­ti­cas que son, las so­cie­da­des eco­nó­mi­cas de Ami­gos del País reite­ra­ron su apo­yo y de­fen­sa de la Cons­ti­tu­ción y de la Je­fa­tu­ra del Es­ta­do así co­mo de la uni­dad de Es­pa­ña en es­tos tiem­pos tan con­vul­sos don­de va­le ca­si to­do. «Los pre­si­den­tes ex­pu­si­mos a nues­tro Rey que es­ta­mos a su dis­po­si­ción, co­mo Je­fe del Es­ta­do, pa­ra de­fen­der los va­lo­res que re­co­ge nues­tra Cons­ti­tu­ción, y eso lo di­ce to­do». Por su par­te, don Fe­li­pe elo­gió la la­bor que rea­li­zan y man­tie­nen al tiem­po que se mos­tró dis­pues­to a apo­yar unas ins­ti­tu­cio­nes que tan­to han he­cho (y ha­cen) por su país y que sin em­bar­go tan de­ja­das de la mano del dios de ol­vi­do y la in­di­fe­ren­cia han es­ta­do en los úl­ti­mos tiem­pos.

Javier Conde (derecha) y Enrique Ponce, en Málaga.
Javier Conde (derecha) y Enrique Ponce, en Málaga. / M Fernández

Fue una reunión muy po­si­ti­va de la que sa­lie­ron men­sa­jes muy cla­ros. Hay que sa­ber dar la ca­ra en los mo­men­tos di­fí­ci­les. Pa­ra las fies­tas no ha­ce fal­ta mu­cho es­fuer­zo, to­do el mun­do se apun­ta... «He he­cho más tra­ba­jo hu­ma­ni­ta­rio que Bill Ga­tes y Wa­rren Buf­fett jun­tos». El au­tor de es­ta fra­se que aun­que lo pa­rez­ca no es na­da pre­ten­cio­sa es el doc­tor Yu­suf K. Ha­mied, mul­ti­mi­llo­na­rio, fi­lán­tro­po y quí­mi­co in­dio que es pre­si­den­te no eje­cu­ti­vo del gi­gan­te de los me­di­ca­men­tos ge­né­ri­cos la em­pre­sa in­dia Ci­pla. Ha­mied es pa­ra los gran­des la­bo­ra­to­rios, con fuer­tes in­tere­ses en to­do el mun­do e in­fluen­cias so­bre los po­de­res es­ta­ble­ci­dos, co­mo tam­bién to­do el mun­do sa­be, una es­pe­cie de de­mo­nio con co­la y tri­den­te, mien­tras que pa­ra los más po­bres de su país y de con­ti­nen­tes tan ne­ce­si­ta­dos co­mo Áfri­ca es ado­ra­do co­mo un dios. No tie­ne tér­mino me­dio, pe­ro lo que es in du­da­ble es que es una gran hom­bre con una per­so­na­li­dad ex­cep­cio­nal, a la vez que tam­bién es un mag­ní­fi­co em­pre­sa­rio. Bi­llo­na­rio, fi­gu­ra en­tre los 100 hom­bres más ri­cos del mun­do, y he­re­dó de su pa­dre el la­bo­ra­to­rio Ci­pla, que re­con­vir­tió jun­to a su her­mano en una de las más po­de­ro­sas del mun­do. Con Ha­mied, a las mul­ti­na­cio­na­les 'de la sa­lud' (sic) les due­le la ca­be­za lo que no es­tá en los es­cri­tos, y eso ya es bas­tan­te pa­ra te­ner­le sim­pa­tía. Apro­ve­chan­do la le­gis­la­ción de su país (no na­tal, pe­ro sí adop­ti­vo), In­dia, que no per­mi­te la pa­ten­te de los me­di­ca­men­tos co­mo los del Si­da, co­mo en otros mu­chos tam­bién, Ci­pla ven­de un cóc­tel de tres me­di­ca­men­tos lla­man­do Trio­mu­ne que se to­ma dos ve­ces al día, cu­yo pre­cio fi­nal es­tá al al­can­ce de mi­llo­nes de afec­ta­dos por es­ta en­fer­me­dad en los paí­ses más po­bres. Su tra­ta­mien­to sue­le cos­tar unos 200 eu­ros al año, mien­tras que el mis­mo en Es­ta­dos Uni­dos y otros paí­ses sue­le sa­lir por unos 24.000 eu­ros anua­les. Co­mo de­cía el anun­cio, bus­quen, com­pa­ren y...

A sus 82 años, ca­sa­do y sin hi­jos, es­te po­li­fa­cé­ti­co y apa­sio­nan­te per­so­na­je re­si­de en Lon­dres, en el apar­ta­men­to que fue de lady Shir­ley Por­ter, en los 90 má­xi­ma res­pon­sa­ble del West­mins­ter City Coun­cil en re­pre­sen­ta­ción del Par­ti­do Con­ser­va­dor, a la vez que hi­ja y he­re­de­ra de sir Jack Cohen, el fun­da­dor de los su­per­mer­ca­dos Tes­co. Pe­ro lo que de ver­dad le gus­ta e a Yu­suf Ha­mied es la Cos­ta del Sol, pa­sar bue­nos me­ses en su ca­sa de Puer­to Ba­nús, y es­tar con sus ami­gos ma­la­gue­ños, co­mo Ri­car­do Ur­dia­les. Desde el año 2010, es­te hom­bre, que da in­clu­so su nom­bre a es­tu­dios es­pe­cí­fi­cos en fa­cul­ta­des uni­ver­si­ta­ris de la In­dia y Gran Bre­ta­ña, es uno de los prin­ci­pa­les be­ne­fac­to­res de Cu­de­ca, que le vie­ne de cuan­do co­no­ció la ex­cep­cio­nal fi­gu­ra y la­bor de Joan Hunt, al­ma fun­da­do­ra de tan ex­cep­cio­nal or­ga­ni­za­ción. Ha­mied que­dó im­pre­sio­na­do y desde en­ton­ces co­la­bo­ra con es­ta ong con 100.000 eu­ros anua­les que ha au­men­ta­do has­ta 1 mi­llón pa­ra lo que se­rá el Cen­tro Yu­suf Ha­mied de Es­tu­dios e In­ves­ti­ga­ción de la Fun­da­ción Cu­de­ca, cu­ya pri­me­ra pie­dra co­lo­có él mis­mo el pa­sa­do vier­nes en Be­nal­má­de­na. Sin du­da to­do un gran per­so­na­je, otro más que ha ele­gi­do es­te des­tino de los dio­ses pa­ra vi­vir. Por eso, pá­sen­lo bien, dis­fru­ten y sean fe­li­ces. Lo más que pue­dan.

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