Aullidos

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Angélica Cuenca, responsable del Área de Igualdad del Ayuntamiento, nos ha anunciado en este periódico que «el tiempo de los lobos se ha acabado y ahora somos las mujeres quienes aullamos». Bueno. Supone uno que lo dirá por ella misma y unas conocidas. Por suerte hay mujeres que ni aúllan ni tienen necesidad de hacerlo. Ni se han sentido nunca caperucitas ni tampoco tienen vocación de lobas. Que hay tipos, hombres, que van en manada, que se creen lobos, o peor, gallos, gallitos, panteras y que en manada o en solitario actúan como reptiles o cucarachas es una evidencia. Como que ha habido y hay mujeres víctimas de esa fauna despreciable. Pero de ahí a convertir la cosa en una cuestión de quién aúlla más alto a uno le parece un desbarre.

Seguramente, la psicóloga municipal lo habrá leído, por ser una profesional aventajada tal como se desprende de algunos de sus otros argumentos, pero no estaría mal que volviera a repasar unos cuantos conceptos del libro 'Vosotras bellas, vosotros fuertes', de la socióloga franco canadiense Nancy Huston. Una visión lúcida desde el feminismo y una renuncia a encorsetarse dentro del blanco y negro de lo políticamente correcto. Lo políticamente correcto no es un progreso de la humanidad, sino un penoso paso atrás. El arma fundamental de una sociedad conservadora a la que le dan el pensamiento deglutido. El feminismo, como movimiento liberador que es, y por tanto progresista, no debería arrimarse a esa sombra por mucho que circunstancialmente estén coincidiendo en el tiempo y en el espacio. Mejor no prestarse a confusiones ni a reduccionismos.

Decía la señora Cuenca, con mucho acierto, que no se debe entender el feminismo como una suerte de machismo. Claro. Así que mejor huir lo más lejos posible del machismo, hasta en la semántica. Todos los derechos, todas las reparaciones para las mujeres. Pero menos lobos, y menos lobas. La cosa no funciona a bocados ni aullando a la luna. Otro gran acierto de la psicóloga: «Hay una grieta entre lo que los hombres piensan que las mujeres somos y lo que realmente somos». Monumental verdad. Los hombres desconocen ese inmenso y sutil territorio ajeno. La caverna, la pulsión biológica y siglos de dominio feudal siguen maquinando en su embarullada trastienda, y colapsándola. Ellos son más fáciles de conocer por parte de las mujeres. Históricamente los han criado y los han visto dar sus primeros y trastabillados pasos. Pero no deberían meter a todo el género en el mismo saco. Ni pensar que las mujeres, por el hecho de serlo, conocen hasta el último doblez del alma masculina, más simple que la femenina, pero no sistemáticamente transparente. Contaba Umbral que un viejo profesor suyo lo azotaba ferozmente en el colegio. Don Gonzalo. Umbral era un niño solitario, un sensible, «pensativo y lector continuo» al que el maestro nunca prestó atención sino para pegarle. «Me hizo daño con su pequeño látigo, pero me hizo más daño con su ignorancia de quién era yo». Pues eso, con aullidos se conoce poco y se ignora mucho.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos