¿Quién ha atacado las refinerías saudíes?

A medio plazo, Arabia Saudí y los pequeños emiratos del Golfo Pérsico no tienen nada que hacer frente al creciente poder iraní. Que Irán se arriesgue a una confrontación abierta ahora parece una insensatez

¿Quién ha atacado las refinerías saudíes?
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGORHISTORIADOR, ESPECIALISTA EN EL MUNDO ISLÁMICO CONTEMPORÁNEO

Los atentados contra las instalaciones petrolíferas de Abqaiq y Khurais en Arabia Saudí han causado un considerable revuelo, pero los daños son de escasa consideración. Existe la manía de creer que una refinería es una bomba perpetuamente a punto de explotar, pero en realidad se trata de instalaciones muy difíciles de destruir. En diversos conflictos bélicos han llovido las bombas o los obuses sobre toda clase de refinerías. Revientan un depósito o unas tuberías y surgen llamaradas gigantescas, de manera que los atacantes informan a su cuartel general de que no ha quedado piedra sobre piedra. En realidad, los incendios no se propagan y los daños se arreglan con relativa rapidez una vez se sofocan las llamas.

Los rebeldes hutíes de Yemen han reclamado la autoría de los ataques, como represalia por la intervención militar saudí en su contra desde 2015. Que la milicia hutí disponga de gente capacitada para manejar drones entra dentro de lo posible, pero los drones comerciales que podrían conseguir tienen un alcance de unas pocas decenas de kilómetros transportando unos pocos kilogramos de carga útil. Eso es suficiente para provocar un incendio espectacular, pero poco más. Khurais está a 900 kilómetros de Yemen y a 140 de la capital saudí, Riad. Abqaiq está más lejos todavía, a unos 30 kilómetros de la costa del Golfo Pérsico. Parece dudoso que una partida de hutíes, por audaces y afortunados que fuesen, pudiera llegar tan lejos.

Los hutíes alegan que contaron con aliados sobre el terreno, lo que podría ser cierto. Ellos son árabes, pero chiíes quintimanos, y Abqaiq está en la zona costera, donde predominan los chiitas dudodecimanos que sufren una dura discriminación. Khurais está en el centro del país, en una zona exclusivamente sunita, pero gran parte de los trabajadores del sector del petróleo son minorías o inmigrantes, incluidos yemeníes pobres, sometidos a toda clase de discriminaciones.

De todas formas, los hutíes no son más que una milicia local del norte de Yemen. Muchos se niegan a creer que tengan la capacidad para planificar un golpe como este, lo que conduce a sospechar de Irán. Los iraníes habrían lanzado el ataque desde su propio territorio -algo excesivamente arriesgado para ellos- o más probablemente habrían orquestado los ataques -aunque la ejecución fuese obra de hutíes- para apretarles las clavijas a los saudíes, con los que mantienen una verdadera 'guerra fría' que de vez en cuando amenaza con volverse caliente de verdad.

Ahora bien, es mucha la distancia entre razonarlo y demostrarlo. A medio plazo, Arabia Saudí y los pequeños emiratos del Golfo Pérsico no tienen nada que hacer frente al creciente poder iraní. Arriesgarse a una confrontación abierta ahora parece una insensatez. Sin embargo, el daño que están causando las sanciones norteamericanas es considerable, pues Irán ha pasado de exportar 800.000 barriles diarios a menos de 250.000, lo que les deja al borde de la insolvencia y de la quiebra. Pero, por muy mala que sea la quiebra, peor sería añadirle los efectos de un ataque norteamericano. ¿Creen que unos cuantos ataques van a conseguir que les levanten las sanciones?

Puede que los iraníes se hayan arriesgado porque han aprendido a despreciar a Donald Trump, que ladra ferozmente pero luego no muerde. Los belicosos tuits del presidente de Estados Unidos en realidad exhiben su debilidad, como cuando tuitea que están listos para abrir fuego, pero que «estamos esperando a oír del reino (saudí) sobre quién creen que fue la causa de este ataque, ¡y bajo qué términos procederíamos!». Parece un criado que espera instrucciones.

La intervención saudí en Yemen fue un error garrafal, pero la partida no es quién gobierna Yemen, sino el control del Golfo Pérsico. Y en este juego los iraníes van ganando por la pasividad y las incoherencias del contrario; es decir, de Trump.