Ni por asomo

IGNACIO LILLO

Vino el flamante presidente de la Junta a Málaga en su primera visita oficial al Ayuntamiento, y le faltó tiempo a comprarle al alcalde el argumentario sobre el metro al Civil, con sus puntos y sus comas. O sea, que la calle Eugenio Gross ni tocarla: ni por arriba ni por abajo... ni por asomo. Al PTA sí hay que ir, pero ya veremos cómo y cuándo. Vino Juanma Moreno y parecía que todavía hablaba desde la oposición, como si estuviera a punto de reprocharle algo a Susana Díaz y a los socialistas. Se ve que se acordó a tiempo de que ahora eran suyas las decisiones, y ya no cabía echarle la culpa a nadie más.

Se le olvidó sin embargo el pequeño detalle, más de cortesía que de otra cosa, de haber informado previamente a algún responsable de la sociedad concesionaria, Metro de Málaga. No era tan difícil, una llamada de teléfono habría sido suficiente. Más que nada, porque van a ser sus socios por el tiempo que dura la hipoteca de una parejita casadera, si es que el PP, con el apoyo de Cs y de Vox es capaz de estar tanto tiempo al frente como estuvo el PSOE. Y porque el calado de la decisión lo merecía. Se enteraron los empresarios por la prensa, literalmente, y todavía no se lo acaban de creer. Aunque, por si acaso, ya van desenfundando las calculadoras para sumar millones de euros en compensaciones, o en años de negocio añadido, que todo se andará.

La historia del tramo en superficie al Civil era la crónica de una muerte, anunciada entre otros por este humilde cronista. Pero lo peor en este caso es que, cuando ha pasado menos de un mes de su toma de posesión, el presidente malagueño le ha dado la primera en la frente a su ciudad. No hay que irse muy lejos en la hemeroteca para recordar que, cuando ya se sabía con posibilidades de gobernar, en un acto de su partido se comprometió públicamente a llevarlo soterrado hasta la zona hospitalaria. Ahora, igual que entonces, algunos ya sabíamos que eso era una ruina económica, aunque Juanma Moreno tardó algunos días más en enterarse. Lo que es evidente es que ya ha incumplido su primera promesa.

Ahora dice que lo llevará al Parque Tecnológico, donde sin duda es necesario, pero no la panacea. Los trabajadores esperan con los brazos abiertos a que cumpla su palabra, que ya no es electoral sino de presidente. Tiene su gobierno cuatro años por delante para hacer los estudios, redactar el proyecto, tramitar las expropiaciones y, por lo menos, licitar las obras. Da tiempo de sobra, si es que esta vez hay una verdadera voluntad política. O ni por asomo...

 

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