Arequipa

MANUEL VILAS

Acabo de regresar de la ciudad peruana de Arequipa, en donde ha tenido lugar el Hay Festival de Literatura. Los festivales Hay se extienden por medio mundo, y buscan la difusión de la cultura en todas aquellas ciudades y países en donde se celebran. En el Hay de Arequipa tuve ocasión de asistir a una estupenda charla entre dos grandes de la literatura, como Mario Vargas Llosa y Salman Rushdie. Allí, ante un público que llenaba un teatro entero, los dos escritores fueron desgranando las lecturas de su juventud. También estaban el escritor francés Philippe Claudel, los peruanos Alonso Cueto, Enrique Planas, Gustavo Rodríguez, Santiago Roncagliolo, Jeremías Gamboa, la argentina Leila Guerriero, el colombiano Juan Gabriel Vásquez, el chileno Alejandro Zambra, las españolas Paula Bonet y Aroa Moreno, o la editora Pilar Reyes, entre otros muchos. Arequipa es una ciudad especial. Y sus calles se convirtieron en una auténtica fiesta de la literatura, donde te encontrabas a los escritores paseando con una sonrisa de asombro en los labios.

Desde que llegué a la ciudad los volcanes Misti, Chachani, y Pichu Pichu me producían una fascinación que no sabía explicar. Parecían estar allí vigilando la vida. Se pueden ver desde cualquier calle de Arequipa. Siempre allí los tres. Pensé que deberían de llevar millones de años allí. También me infundían una sensación de amor. Misti mide 5820 metros. Chachani 6075. Y Pichu Pichu 5976. Mi preferido es Misti, porque me parecía el más paternal. Un día fuimos a comer a un restaurante famoso de Arequipa, en donde la especialidad de la casa era el chupe de camarones. Los camarones son de río. Y se cocinan con leña. El chupe es una sopa deliciosa llena de manjares que no supe discernir. Visité el célebre Monasterio de Santa Catalina, donde vi un montón de calles bautizadas con nombres de ciudades españolas, como Granada o Córdoba. Me detuve en las viviendas históricas de las monjas. Estaban conservados los camastros en donde dormían. El Monasterio era como una diminuta ciudad, aunque laberíntica.

El cielo se volvía blanco. Salí del Monasterio y me puse a caminar por Arequipa sin ningún destino, deambulando por las calles. Vi la Plaza de Armas, con sus balcones. Tuve una charla pública con Juan Gabriel Vásquez, moderada por el periodista español Jesús Ruiz Mantilla. Me sorprendió muchísimo el grado de interés de la gente de Arequipa por la literatura. Todos los actos del Festival estaban llenos. El público interviene al final de los debates. Con Juan Gabriel Vásquez hablamos de la modulación autobiográfica en la novela actual, con especial atención en su caso al tema de la violencia en Colombia. Sigue siendo imprescindible tender puentes entre todos los países que usan el español como lengua literaria. A veces la comunicación no es todo lo intensa que debiera. Este tipo de festivales tienen esa enorme utilidad. Me sorprendió el entusiasmo de la gente, las ganas que tenían de hablar con los escritores. Me fui de Arequipa enamorado de la luz blanca. Ojalá vuelva pronto.

 

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