37 años no es nada

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Cantaba Gardel en su 'Volver' que veinte años no es nada. Pues 37, tampoco. Algunos de los que lean hoy estas líneas no habían nacido por aquel entonces, y yo mismo hacía poco que me había bajado del burrito del Parque después de hacerme la foto que todo buen malagueño debe tener en el álbum familiar. Fue entonces, en 1982, cuando el jefe de Costas, Luis López Peláez (que en paz descanse), ordenó intervenir en el antiguo 'camping', que todavía lo era y estaba en funcionamiento y lleno de guiris. Lo hizo para derribar un muro, que los concesionarios habían construido en la playa y con el que evitaban que los humildes vecinos de Pedregalejo se pudieran colar en sus instalaciones. Había llegado la democracia, que puso fin a las playas privatizadas en Málaga. También ordenó abrir la del balneario al uso público y puso un significativo cartel en la entrada, en el que anunciaba que bañarse allí era gratis.

Casi cuatro décadas después de aquel, otro jefe de Costas, Ángel González Castiñeira, ha protagonizado otra efeméride en la complicada historia de los Baños del Carmen. La suya es algo más prosaica, pues le ha tocado rehabilitar un lienzo de muro exterior que un temporal derribó en mayo. Pero tiene toda la carga simbólica del momento, pues supone la primera intervención ordenada por la Demarcación desde el fin del larguísimo periodo de concesión privada bajo el que han estado los terrenos.

Lo ha hecho por los mismos principios del dicho popular que explica la elección de los terrenos donde D. Álvaro de Bazán levantó su palacio renacentista manchego en el siglo XVI: «El marqués de Santa Cruz hizo un palacio en El Viso, porque pudo y porque quiso». Hombre de leyes, si el responsable de la Demarcación ha intervenido ahora en la parcela es, primero, porque legalmente ya puede. Y segundo, porque es patente su empeño, desde que llegó al cargo, por sacar al más bello rincón de Málaga del ostracismo al que ha estado condenado durante cuatro décadas.

Se ha empezado por poco, apenas un puñado de ladrillos en un muro. Pero ya no hay marcha atrás. Será antes o después, pero esta vez sí, los vecinos de Pedregalejo tendrán el parque marítimo por el que tanto han peleado. Y total, 37 años no es nada...