Angelitos caídos

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Una pandilla de angelitos caídos echaron la tarde el sábado pasado revoloteando por la urbanización Parque Clavero de Málaga, entretenidos en un juego que consistía en hacer rayas y abolladuras con piedras sobre las chapas de varios coches que estaban aparcados. Será que no tienen Play Station para aprender a matar y arrasar mundos virtuales, que con sólo 14 años han decidido pasarse a la realidad real. Dirán ustedes, queridos lectores, que esto ha pasado siempre, que los niños a esa edad hacen gamberradas; que mire atrás a ver si alguna vez, en la etapa preadolescente, no la lié parda yo mismo alguna vez. Y todo eso es cierto y les doy la razón.

Pero hay dos elementos en esta historia que han cambiado radicalmente de mis tiempos, que no son ni mucho menos tan lejanos aunque lo parezca, y los actuales. La primera es la actitud preocupante de un creciente número de padres. En esta historia, según cuentan los testigos de primera fila, y me lo creo, la que dijo ser la tutora del único angelito que uno de los afectados logró atrapar a la carrera no mostró ni un ápice de pesar, vergüenza o remordimiento por la actitud del vástago. Al contrario, lo defendió a muerte, no le recriminó nada y alegó que le estaban causando un perjuicio grave, puesto que el niño iba a sufrir 'bullying' (o sea, acoso escolar) de sus amiguitos en el colegio cuando se supiera lo ocurrido.

Pero todavía hay un segundo detalle que me escama, y es la actitud desafiante, incluso chulesca, de los presuntos autores. El único que se vio atrapado no mostró ni una pizca de arrepentimiento; impasible, impune frente a dos agentes de la Policía Nacional que le estaban interrogando. Pero es que otro de ellos, al que llamaron a su teléfono móvil, se permitió el lujo de colgarle en las narices cuando uno de estos le exigió que acudiera al lugar para aclarar los hechos. Por supuesto, no obedeció ni por asomo. Recuerden, hablamos de críos de 14 años.

Me gustaría que se preguntaran ustedes, lectores a los que imagino con cierta madurez, lo que sus padres habrían hecho de verse en una situación similar. ¿Se habrían atrevido a desobedecer una orden de un agente de la policía? Nos está quedando una sociedad estupenda con tantos pobres angelitos caídos.