Andalucía, por si...

Andalucía tiene dos retos. Dejar el vagón de cola y darle a Málaga el protagonismo

JESÚS NIETO JURADO

Al final los radicalismos se curan con una novia formal, dos carreras por el Parque y un domingo en los pinsapares de Yunquera, con las 'chirucas' y el bocata. Los cordones sanitarios y las ideológicas purezas están bien para un laboratorio de ciencias políticas, no para el día a día. En el fondo, una tarjeta única de Sanidad para todos los españoles no es una aberración, sino una conquista del Estado del Bienestar que no sé por qué dimos por perdida. Dicen que han abierto una 'Alerta Antifascista' los niños de Políticas. Que en Madrid Irene Montero llora desde un chalet porque Moreno Bonilla toque pelo. Está España en clave andaluza, y eso es de agradecer.

Durante mucho tiempo los telediarios se plegaban al tópico. Y no fuimos capaces de frenar eso porque aquí, al Sur, tenemos otras prioridades. La primera es la de vivir bien, a pesar de que muchos se empeñen en que no lo consigamos. Pero sí, en Cataluña han pensado en Andalucía y les han temblado las canillas a los 'indepes'; y eso, de entrada, es positivo.

Debería haber hablado antes del cambio en la Junta. Pero entendí que no todo es eso de teorizar sobre la evidencia. En todo caso, nunca esta mal el cambio, siempre que sea tranquilo y venga para mejor. A los españoles del Norte y del Sur se nos ha ido quedando un poco el alma de taifa, con tanta duplicidad que acabábamos pagando por un orgullo vernáculo que venía prefabricado desde una consejería o así.

En todo caso, está bien que mi querido Imbroda haga cosas, que se mueva el guindo y que la brújula de la cosa regional mire más a Málaga y a Granada. Somos el gran Este, el pulmón, y deberíamos ser más tigres bengalíes que pajaritos, como bien cantaba Carlos Cano.

Se ha visto que España entera se ha preocupado por Andalucía, que más arriba de Despeñaperros nos conocen, porque somos parte de lo mismo -España- y queremos seguir siéndolo. También se ha visto cómo la política da en lo personal sorpresas, aun cuando más oscuro estaba el bosque. De Abascal diré algo: lo conozco bien, y no es tan fiero el león como lo pintan. Lo conocí en moto y me invitó a una tortilla por el Barrio de Salamanca hará, ya, una década.

Andalucía tiene dos retos. Dejar el vagón de cola y darle a Málaga el protagonismo que no se le ha dado en cuarenta años y que sí nos dan, por ejemplo, el Gobierno ruso o el 'New York Times'. También asfaltar de nuevo el camino de carros que llaman la A-92 y que dicen que ha de vertebrar la región.

Sea como fuere el futuro es el que es, y ya habrá tiempo para las decepciones y las frustraciones, que son consustanciales al carguito. El mismo carguito que cura cualquier extremismo. Porque la burocracia siempre ha templado los nervios y las posturas ultramontanas.

Y lo mejor es que todo está por estrenar...