Andalucía 19

Andalucía 19

La presidenta Díaz ha sido dique ante la agresiva e inverosímil tuneladora de Sánchez en varios sonados momentos, con más vergüenza y valores a distancia sideral. Hoy, rotos todos los pronósticos de ambos, ella pierde y él -una vez más- gana

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Querían llevarle en volandas hasta la silla, pero él se resistió. No se había hecho nada, tropezó y se desmoronó, pero estaba bien. Había llovido y, sin duda, estaba mayor. Ese día se dio cuenta por primera vez. La vida pasa en un pispás y, si vives peligrosamente, no te da tiempo a parar y tentarte la ropa. Ese día ocurrió. Ágil, altivo, intenso... si bien sus dedicaciones y tareas fueron siempre más bien burocrático-sociales, la ingente tarea, la intensidad de sus responsabilidades, el peso de los errores, todo es un esfuerzo físico al fin y ese cuerpo menudo no aguantaba más.

Esta loca carrera a ninguna parte que nos hace trotar y también llorar tiene unos claros límites en los que nunca se piensa, salvo que suenen algunas alarmas directas. Cuando esto sucede, sí, en ese instante lo ves todo pasar. Me llamo PSOE de Andalucía y me relevan. No lo esperaba, la verdad, todo a mi alrededor me hizo pensar que volvería a ganar. La cosa es que gané, pero fue eso que llaman una victoria pírrica, un resultado primero que en realidad es perder. Cuando vimos el escrutinio parecía un mal sueño del que iba a despertar. Luego, tras los primeros confusos momentos, PP, C's y Vox empezaron a sonreír y decir cosas, una auténtica pesadilla.

Esta dura editorial es uno de los documentos que reina en las cabezas dirigentes y que se plasma esta misma semana a partir de mañana, pero nadie la contará. Inevitablemente, cuando transcurren cuatro décadas al frente, por dentro y en los flancos, de una institución, todo se confunde y lo eventual se hace norma y propiedad. Será muy duro marchar, pero los nuevos administradores han señalado el camino y este mismo martes empiezan los sonidos y los colores del traslado forzoso.

Dicen que Sánchez vive el traspaso de forma agridulce, incluso más dulce que otra cosa. La última clara resistente a sus políticas deja colgada en la percha de San Telmo la inmensa fuerza que hasta aquí le acompañaba y, aunque aún es la secretaria general de los socialistas andaluces, ya nada será igual. Pedro Sánchez se ha caracterizado todo este tiempo por ser un gran depredador de políticas, instituciones, cargos, personas y principios. Sin vigores extraordinarios, ni demasiadas virtudes visibles, todo cae a su paso aunque sea nebulosamente. La presidenta en funciones de la Junta de Andalucía ha sido dique de contención ante la agresiva e inverosímil tuneladora de su compañero en varios sonados momentos, con más vergüenza y valores a distancia sideral. Hoy, rotos todos los pronósticos de ambos, ella pierde y él -una vez más- gana.

Juan Manuel Moreno será investido presidente con los votos del Partido Popular, Ciudadanos y Vox, tras un arduo ejercicio negociador en el que los populares han tenido hasta que desdoblarse. La irrupción de Valls en el debate andaluz y hasta de Macron ha llegado a ser, a ojos de muchos, algo determinante para complicar la hoja de ruta del pacto de gobierno. La auténtica vía de agua que pareció abrirse con la negativa de C's a sentarse a negociar con la formación conservadora de nuevo cuño casi hizo abrigar esperanzas a Susana Díaz y a los suyos. Parecía extraño y hasta imposible conseguir un pacto a 59 diputados prescindiendo de todo contacto con 12 de ellos. Pero de una u otra manera, el acuerdo a tres -a dos bandas- ha sido pilotado magistralmente, no haciendo ajeno a ninguno de ellos. Ciertamente ha sido la primera prueba de grave fuego a la que se ha enfrentado Moreno, saldándose con éxito y hasta con brillante resolución.

Ante el nuevo Gobierno se abren muchos e importantes retos realmente esperanzadores: el primero la expresamente confesada vocación de durar los cuatro años de la legislatura. Algo realmente importante si se quiere ser serios y producir un auténtico cambio. A más, habrá que dar síntomas de transformación en pocas fechas con resoluciones muy importantes. Despejar el complejo entramado de cargos, sociedades, fundaciones y administración paralela. Producir las rebajas fiscales comprometidas, descentralizar la acción administrativa, desatascar el urbanismo de pueblos y ciudades. Materializar proyectos que duermen en los innumerables cajones de la impotencia e ineficacia. Aligerar el peso mastodóntico de una administración y una burocracia lastrada por compromisos, inercias inexplicables y enchufes...

Son las horas y los días del traspaso, de plasmar los más importantes cambios en los que concursarán otros con la exigencia, que va de suyo, para poder ofrecer un futuro mejor. Es la democracia, nada es para siempre.

 

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