AMLO

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Ha ganado las elecciones mexicanas Andrés Manuel López Obrador, conocido popularmente por las siglas de su nombre, AMLO. Un político terco, discípulo del izquierdismo posibilista de Allende, del gran presidente Francisco Madero, de Plutarco Elías Calles y de Cárdenas, pero no tan antirreligioso como este porque su familia es de honda raíz católica, casi cristeros. Me dice Josefa, profesora mexicana de Veracruz, ahora de vacaciones en Benalmádena con Adela, su pareja, que López Obrador es un político pertinaz que ha soportado todos los embates y puñaladas traperas de la fortuna y de los amigos más íntimos, que son los que dan mejor las puñaladas porque conocen tus puntos flacos, socios políticos traidores, mi 'güey'. Me encontraba como escritor invitado, corría el 2006, en Guadalajara (Estado de Jalisco) en la Feria Internacional del Libro (FILS) más importante en lengua española, cuando Andrés López Obrador intentó boicotear la toma de posesión de Felipe Calderón, el candidato conservador, que fue elegido presidente tras una votación más que dudosa. Fue un show televisado en directo, cuando López Obrador irrumpió a la fuerza en el Parlamento reclamando sus derechos y proclamándose presidente electo. Pero no era la primera vez que ocurría eso en México. Muchos líderes en liza han desautorizado a su contrincante, hasta que el rumor se acalla, o lo arregla una balacera que abate al contrincante que se convierte en otro caído por la revolución. El único que no dijo casi nada fue el intelectual José de Vasconcelos, al que le robaron la presidencia en 1930, y murió humillado, años después, maldiciendo a su país de origen, al que amaba sobre todas las cosas, incluso amaba México más que a la angelical y frágil Antonieta, su amante feminista, libre, tema que sirvió a Saura para dirigir un bellísimo filme.

AMLO ha ganado, me instruye Josefa, porque el anterior presidente, el joven Peña Nieto, no ha podido erradicar dos males endémicos de un país que se debate, 'espacialmente', citando al olvidado Octavio Paz, entre civilización y barbarie, esto ya es del argentino Sarmiento, entre la crisis agraria y las masas industriales de México Distrito, megalópolis, centro donde el poder se dicta desde muy arriba, ciudad-estado con veinticinco millones de almas transitando sin cesar. Josefa me recuerda los proyectos que históricamente han navegado a contra-corriente en su México lindo, proyectos ambiciosos con luces y sombras: Nueva España con los Austrias, Nueva España con los Borbones, Iturbide, Juárez, la corona imperial, el porfiriato, las distintas fases de la revolución, el PRI -ningún país ha logrado tener un Partido ¡Revolucionario Institucional!-, y los lentos cambios de las últimas décadas hacia una democracia plural, sobre todo plural porque el dinero del tráfico y la extorsión miserable en todos los ámbitos ahora debe repartirse entre familias de uno y de otro signo político, hambrientas de poder e influencia. Josefa, por último, me comenta que México ya no es el Ogro Filantrópico, la utopía dorada de Carranza, no, con el recrudecimiento de la violencia y del drama fronterizo con Estados Unidos, México se ha convertido en otro Ogro, esto es, se ha convertido en Saturno devorando a sus hijos.

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