Ajuste en la banca

El sector encara este año una reducción de plantillas y oficinas sin precedentes que ha de ser compatible con una atención personal de calidad

La banca ha dado una vuelta de tuerca al intenso ajuste que aplica casi sin interrupción desde hace una década, materializado en una drástica reducción de sus plantillas y en el masivo cierre de oficinas. El Santander ha anunciado un ERE por el que despedirá a 3.713 trabajadores en España -un 11% del total- y clausurará más de una cuarta parte de sus sucursales. Caixabank acaba de pactar con los sindicatos la salida de más de 2.000 empleados y una apreciable disminución de su red. Estos planes serán secundados previsiblemente por otras entidades en el año con mayores recortes en la historia del sector. Las entidades intentan dar así respuesta a la caída de sus márgenes por unos tipos de interés en mínimos, que les empujan a rebajar sus costes para mantener la rentabilidad. También actúan movidas por los efectos de su paulatina digitalización, un proceso que ha transformado el modelo de relación con una parte de sus clientes y que requiere, además de fuertes inversiones en tecnología, una menor presencia a pie de calle. La banca se enfrenta al reto de reinventarse no solo para satisfacer las cambiantes necesidades de su clientela, sino también para plantar cara a nuevos jugadores que amenazan su control del mercado, como los gigantes tecnológicos o los denominados 'fintech' que empiezan a ofrecer productos financieros a través de internet. Su futuro se libra en esa batalla y en la ineludible modernización de los servicios que lleva aparejada, con cambios mucho más profundos que los conocidos hasta ahora. Pero tal empeño ha de ser compatible con el mantenimiento de una atención de calidad a los usuarios que -ya sea por hábito, por razones de edad o por una escasa cultura tecnológica- necesitan una atención directa como la que tradicionalmente han prestado las sucursales. Desde que en 2008 la crisis de Lehman Brothers y la recesión global pusieron contra las cuerdas al sector hasta finales del pasado año, 20.000 oficinas -el 43% de las existentes entonces- han cerrado sus puertas en España y 83.000 trabajadores, casi un tercio del total, han sido despedidos. El hecho de que estos ajustes incluyan unas condiciones privilegiadas en comparación con las planteadas en otras actividades no puede ocultar las consecuencias sociales de la fuerte destrucción de empleo que implican. Las prejubilaciones 'doradas' con poco más de 50 años en la banca, en un contexto de empleo precario y de progresivo retraso en la edad legal de retiro, reflejan las desigualdades que persisten en España.