AJOBLANCO, UVAS Y ROSSINI

Carlos Álvarez interpreta un fragmento de El Barbero de Sevilla en Almáchar.-Se cumplen 36 años del accidente del DC-10 de Spantax en el aeropuerto.-Antonio Cerezo, médico forense que trabajó intensamente en la identificación de los cadáveres, presenta una novela con origen en el suceso: 'Penúltimos secretos'.-López Barneo, otra eminencia para el Foro Ciencia y Salud.-'Mostachón de oro' de Utrera para Javier Fernández

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Fue un momento mágico. Uno de esos instantes que nadie espera y que sin embargo ocurren. El acto de los premios Ajoblanco que se celebró en la cuna de tan excelente plato andaluz, Almáchar, llegaba a su fin con el Ajoblanco de Andalucía para Carlos Álvarez, que le entregó el alcalde de la localidad, José Gámez Gutiérrez, quien dejó claro lo importante que era para «esta humilde localidad contar con la presencia de una estrella mundial de la ópera». El barítono, una persona sencilla donde las haya, que a partir del 16 de este mes comenzará una temporada histórica, con citas como Madrid, Londres, Berlín, Viena..., se mostró sinceramente emocionado por el reconocimiento. La plaza, llena por completo por más de mil personas (el pueblo cuenta con 1.800 habitantes) estalló en aplausos, pero casi se cae (metáfora que han de permitirme) cuando Carlos Álvarez como punto y final a su brevísimo discurso entonó, con esa voz que Dios le ha dado y él cuida como los ángeles, el final de la cavatina de Fígaro en 'El barbero de Sevilla' de Rossini. Sonó a gloria y el público aplaudía a rabiar tras la exhibición que Álvarez regaló a todos los presentes, con esa estrofa final que tantas veces ha interpretado por el mundo representando a Fígaro y que dice «¡Ah, bravo Fígaro! Bravo, bravissimo; a te fortuna non mancherà. Sono il factotum della città!», con sus repeticiones y entonaciones... Como dijo su alcalde, nunca en Almáchar se escuchó ópera y menos cantada por una estrella del bel canto internacional. Entre ajoblanco, uvas y Rossini, los almachareños pasaron una tarde para no olvidar, o sea, para el recuerdo.

Septiembre, mes cargado de actos festivos en muchos pueblos malagueños, se recordará para siempre en estos lares por una tragedia aérea. El día 13, o sea el próximo jueves se cumplen 36 años de accidente del avión de Spantax en el aeropuerto de Málaga en el que perdieron la vida 52 personas. El vuelo 995 cubría el trayecto Madrid-Málaga-Nueva York. Era un enorme y potente DC-10, que tras llegar, sobre las 10 horas del referido 13 de septiembre de 1982, inició las maniobras de un despegue que nunca llegó a realizar, estrellándose en unos terrenos que hay al otro lado de la autovía frente al aeropuerto. A causa del impacto y posterior incendio del avión fallecieron 52 personas, 49 pasajeros y tres tripulantes, y si hubo víctimas que se pudieron haber salvado si no se hubieran empeñado en recoger sus maletas de mano, también es verdad que hubo otros muchos que sí lo lograron gracias a la acción heroica de soldados de la Base Aérea, bomberos del aeropuerto y otros pasajeros que actuaron como ángeles de la guardia, como aquel ciudadano colombiano que tras salvar a cinco o seis personas, quedó atrapado en el interior de la aeronave y falleció, cuando fue de los primeros en salir tras la colisión. Murieron 52 personas y el avión quedó destrozado por completo. Tras el accidente, la situación financiera de la compañía Spantax se agravó y tuvo que cesar operaciones el 29 de marzo de 1988.

El avión partió hacia la cabecera 14 de la pista para despegar en dirección sureste. La maniobra se inició con normalidad segundos después de las 10 de la mañana, hasta que en el entorno del de nominado V1 (última velocidad a la que el despegue es abortable con seguridad) la tripulación comenzó a sentir fuertes vibraciones. Cuando el avión ya se estaba despegando, las vibraciones aumentaron fuertemente y la tripulación decidió abortar el despegue, a pesar de encontrarse muy por encima de la velocidad mínima en la que esta maniobra está prohibida y es obligatorio irse al aire en cualquier caso. Al abortar el despegue tan tarde el avión no tuvo pista suficiente por delante para frenar y se salió por el final de la pista a una velocidad de 110 nudos (unos 204 km/h). Colisionó con una caseta de hormigón (donde perdió un motor ), atravesó la verja metálica del aeropuerto, pasó la N-340 (en la época ya autovía) chocando con tres coches y se detuvo a unos 450 metros de la pista, en un descampado que hay al otro lado de la carretera y que hoy aún sigue cercado. Tras el golpe y detención del avión todos los ocupantes sobrevivieron, pero se produjo el incendio del combustible cargado para atravesar el Atlántico, incendio en el que perecieron 49 pasajeros y 3 miembros de la tripulación. Otros 332 pasajeros y 10 miembros de la tripulación sobrevivieron, 110 de los cuales fueron hospitalizados. También resultó herido grave el conductor de uno de los vehículos que el avión golpeó al pasar sobre la N-340. La causa de la vibración percibida por la tripulación fue el desprendimiento de la banda de rodadura del neumático derecho del tren delantero, y el fallo último fue la falta de entrenamiento de la tripulación para una situación anormal de este tipo, ya que sólo estaban entrenados para el fallo de un motor y no supieron cómo actuar ante la vibración.

El psiquiatra y médico forense Antonio Cerezo estuvo durante tres días trabajando en el aeropuerto tras el siniestro. Hoy, 36 años después, y tomando como partida sus vivencias en aquel tremendo accidente que conmocionó a Málaga ha visto la luz su último libro, titulado 'Penúltimos secretos', editado por Caligrama.

Antonio Cerezo, psiquiatra y

médico forense en ejercicio durante muchos años en Málaga, aunque él es natural de Almendralejo (Badajoz). Apasionado por las cosas del escribir, publicó una novela corta y dos libros de relatos antes de los 20 años, pero después el trabajo profesional lo absorbió y ya sólo publicó otra novela corta, un volumen de divulgación psiquiátrica y muchos artículos de colaboración médica en el dominical de SUR, donde era habitual todas las semanas.

'Penúltimos secretos', de 418 páginas, se edita tanto en papel como en e-book y está disponible en todas las grandes plataformas, así como en una red de más de dos mil librerías por toda España. Se trata de una novela que, pudiéramos decir, tiene sangre malagueña. Arranca con una descripción novelada de lo que en 1982 fue el referido anteriormente trágico accidente aéreo del SpantaxMálaga-Nueva York. Cerezo trabajó como forense judicial durante días en la Base Aérea, a cuyo hangar fueron llevados los cadáveres carbonizados para su identificación. Ésta se hizo, básicamente, por estudios comparativos dentarios. Arranca ahí, pues, la novela, aunque luego discurre por cauces

bien distintos. Y así, tenemos al marido de una de las fallecidas, que sospecha de una infidelidad; al amigo íntimo del primero, un político metido en líos y corrupciones, y al hijo de la pareja, adoptado, que buscará sus propios orígenes. Amén de numerosos personajes secundarios para sostener la trama. Antonio Cerezo señala que «la novela está ambientada en el tiempo actual y la Málaga que se retrata es la ciudad espléndida de la que disfrutamos». Su peculiar estilo literario nos hace entrar de lleno en un mundo controvertido, en el que de forma ágil y algunas dosis de humor, discurren personajes de doble filo, intrigas, amor, sexo, traición... «Y en fin, todo lo que suele haber en la vida», concluye este médico extremeño recriado en Málaga que está sorprendido por el gran éxito de ventas que está teniendo su novela.

Hablando de Medicina, el próximo día 11, martes, el profesor López Barneo será el encargado de pronunciar la III conferencia del ciclo Ciencia y salud organizado por la Fundación Unicaja y SUR. El acto se celebrará en el espacio María Cristina Fundación Unicaja y contará con la presentación del doctor Miguel Ángel Arráez. La conferencia de José López Barneo, el fisiólogo español más citado en investigaciones científicas de todo el mundo, hablará de las 'Enfermedades neurodegenerativas; reto biomédico del siglo XXI', sin duda un tema apasionante y que nos afecta(rá) a todos. Y el 13, en el Foro Sur-Cajasol, Manuel Valls. Menuda semana...

Finalizamos estos Horizontes dando la enhorabuena a Javier Fernández, por haber sido distinguido con el 'Mostachón de oro', máxima distinción de su ciudad natal, Utrera, de la que tan orgulloso está el consejero de Turismo y Deportes de la Junta. Fernández, que estuvo el viernes en Málaga («casi mi segunda tierra por el tiempo que estoy aquí») reconoció estar tremendamente feliz y que fue una gran noche para él y su familia. Y es que ya se sabe que no es tarea fácil ser profeta en la tierra de uno.

Sean felices y que servidor lo vea.

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