Aguayo

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

El juez que preside el tribunal del 'caso ERE', Juan Antonio Calle Peña, que lleva el juicio con mano firme para que no se alargue lo indeseable y que hasta ahora ha demostrado gran paciencia, evidenció ayer que conoce poco la personalidad de Carmen Martínez Aguayo. No tiene por qué conocerla, desde luego. Pero a los periodistas que sí la conocemos de su larga etapa en la Junta de Andalucía, primero como gestora del SAS y luego en Hacienda, donde ha sido viceconsejera y consejera, nos chirrió mucho cuando ayer le llamó la atención durante su declaración y le pidió que no se mostrara «arrogante» con el fiscal que le interrogaba en ese momento. Ninguno la veíamos arrogante, sino como siempre ha sido, seria y castellana, y si acaso un poco nerviosa, con la voz incluso temblona, lo cual es normal dado que estaba sentada ante el tribunal que la juzga. Dicte lo que dicte este tribunal sobre Martínez Aguayo, a la que la acusación le pide seis años de cárcel y 30 de inhabilitación por supuestos delitos de prevaricación y malversación por el uso de un procedimiento administrativo para la concesión de ayudas sociolaborales, no puede quedar en el olvido una trayectoria de gestora política con numerosos aciertos en su carrera.

Aguayo misma recordó algunos de esos aciertos en su declaración, como el que incluyera por primera vez en un presupuesto de una administración pública un informe de evaluación de impacto de género con el objetivo de advertir y garantizar la igualdad entre hombres y mujeres con el dinero de la Junta. Desde su primera vez todos los años un informe de este tipo acompaña el Presupuesto autonómico.

Martínez Aguayo también participó en 1991 en el famoso 'informe Abril', que dirigido por Fernando Abril Martorell, analizaba el servicio sanitario público con recomendaciones. Los sucesivos ministros de Sanidad de Felipe González lo metieron en un cajón, pero con los años aquellas deficiencias detectadas se hicieron evidentes y poco a poco los gobiernos autonómicos fueron ejecutando sus recomendaciones, como mejorar la salud preventiva y potenciar la atención primaria.

Aguayo, médico de profesión que ahora vuelve a ejercer, se vio en el corsé de la gestión pública y lo intentó llevar como mejor pudo, pero siempre con gran sentido del rigor y la lealtad, según los que han trabajado cerca de ella todos aquellos años. Sobre esta última cualidad volvió ayer a dar muestras al defender que nunca le llevó a José Antonio Griñán ningún informe que alertara de irregularidades en el asunto del procedimiento para las ayudas sociolaborales, el 'caso ERE'. Alguien de talante arrogante no haría algo así.

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