EL AGOSTO EN DICIEMBRE

Pilar Martínez
PILAR MARTÍNEZMálaga

El sector turístico cada vez encuentra en las fiestas navideñas un filón aún con mucho recorrido. El peligro está en que ante este auge más de uno pretenda hacer el agosto en la recta final del año y acabar con la nueva veta de negocio antes de empezar a exprimirla. En los hoteles de la Costa del Sol hace ya un par de años que han retomado con fuerza y éxito las cenas de Navidad y, sobre todo, de Nochevieja. En ellas han encontrado una nueva vía de ingresos que evoluciona al alza con la que mejorar la ocupación en los peores meses del año para esta actividad. Cada vez son más las familiar que optan por esta modalidad que les permite reunir más cómodamente a todos los allegados, evitarse las compras y las preparaciones en la cocina y disfrutar de la cena sin la preocupación de tener que conducir y, por tanto, no poder maridarla con un buen vino. Una moda que era tradición décadas atrás y que comenzó a tomar fuerza en los últimos años en la oferta de turismo rural, en la que las casas de mayores dimensiones acaban en la actualidad siendo reservadas en pleno verano a sabiendas de la alta demanda. La última en sumarse al turismo navideño ha sido la capital, pero su irrupción ha sido sonada. El espectáculo de luces y sonido es ya todo un reclamo turístico, que ha contribuido a poner de moda esta ciudad hasta el punto de que ha pasado a formar parte de los ránkings que realizan los principales portales 'on line' sobre tendencias de viajes. Sin embargo, hay que ser cuidadoso en este auge para evitar morir de éxito. Es imprescindible conseguir nuevas centralidades turísticas para evitar la saturación del Centro, hay que poner freno a las fuertes subidas de precios de los hoteles o de los cotillones en estas fechas, si bien es cierto que por caros que estén se agotan las plazas, y, sobre todo, hay que cuidar el servicio para mostrar lo que más valoran los viajeros, que es el buen trato. Quienes pretendan hacer el agosto en diciembre deben empezar a pensar que el reclamo navideño acabará siendo poco más que flor de un día, cuando este atractivo puede convertirse en el gran compañero de viaje para superar la crudeza invernal.