Las Agendas Secretas

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Observando Málaga y su bahía, hace meses, desde el Parador de Gibralfaro, Carlos Pranger me comentó la probable relación entre Gerald Brenan y Gamel Woolsey y el espionaje internacional de entreguerras en una Europa que deseaba disolverse y para ello contaba con un alud de espías y contraespías, de noticias ciertas y falsas, de limo y lodo amasado para todos los gustos, que operaban incansables en ministerios, periódicos, embajadas, consulados, cancillerías, y si te descuidabas, en tu propia casa. De estos escenarios ambiguos se alimentan los mitos. Rápidamente mi imaginación trastocó el escenario y escenifiqué uno de los bombardeos de Málaga, durante la resistencia roja al golpe militar (julio-1936-febrero 1937); vistos, «y no vistos», escribió Mercedes Formica, aquellos bombardeos eran una obra de arte, según Edward Norton, si no hubiera habido víctimas. Mi mente apasionada cayó en trance, y entre los espejos surgió la silueta del inefable Sir Peter Chalmers -llamado popularmente en Málaga 'Zopita'-, trajeado de impoluto blanco, pajarita azul y canotier, siguiendo, gracias al zoom de los prismáticos Vixen de Ascot, las exquisitas piruetas de los aviones nacionales, dejando esvásticas de humo en el cielo, antes de lanzarse hacia sus objetivos de muerte en Málaga, el puerto, el centro, la calle Larios furiosamente bombardeada. Y es que lo importante, para ambos bandos, era estar informados para delatar primero, y asesinar después, más y mejor, carnicerías por doquier, Gamel Woolsey y Gerald Brenan vigilaban las matanzas desde el espléndido mirador de su casa en Churriana, lo que les brindaba una contradictoria perspectiva de lejana cercanía. Situados, además, en medio de la locura, eso que luego se llamó tercera España, y más adelante, tercera vía, aquella fantástica pareja aguantó muy poco tiempo en suelo malagueño, y después de esconder a su antiguo casero, el cedista radical Carlos Crooke, y sacarlo de España, vía Gibraltar, ellos mismos no tuvieron más remedio que abandonar su paraíso y embarcarse en un crucero rumbo al Peñón, el 7 de septiembre, y del Peñón dirigirse a Tánger, nuestra soberbia réplica norteafricana. Y precisamente en el Tánger internacional, urbe de nómadas de lujo, es donde nace el mito de los Brenan y el Servicio Secreto Aliado: hablar para sobrevivir, para tentar las sombras del otro lado, la voz del colibrí y del cocuyo bajo la partitura occidental: la Voz de su Amo, los enguantados contra Hitler. No había nada extraño o anómalo en esto porque en un mundo en disolución los escritores, aparte de escribir, viajaban, amaban, y también sobrevivían conversando, como, sin ir más lejos, lo hizo 'zopita', en su casa, con Arthur Koestler, y este, años más tarde, con el que será otro renegado del mundo soviético: el atractivo novelista Humphrey Slater, y Slater, a su vez, con la sumergida 'intelligentsia' oxoniense: Kim Philby, Guy Burguess, Don Mac Lean y el elegante Sir Anthony Blunt. Todo era cuestión de ser topo o traicionar al topo para no traicionarse. Si acuden a Casa Gerald Brenan esta semana se enterarán de mucho más. Y es gratis.

 

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