Adiós a Toni Morrison

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

La existencia depara milagros. El éxito literario de la escritora afroamericana Toni Morrison, que acaba de morir a los ochenta y ocho años, fue, aparte de un milagro, la excepción que rompió reglas vergonzantes en el relato histórico norteamericano, esto es, el falseamiento con que se ha venido tratando la historia de la esclavitud negra en la intrincada formación de los Estados Unidos. Ese ha sido el argumento de sus novelas. La liberación no llegó en 1776, con la independencia de los granjeros y comerciantes ricos de la corona inglesa -no olvidemos que los liberadores Washington y Jefferson, sobre todo este último, poseían esclavos negros en sus fincas-, ni en 1865, cuando se rindieron los sudistas, los malos de una película en que no había buenos, ni tampoco sirvieron, años después, los asesinatos de Kennedy y Luther King, para detener la peste asesina del Ku klux Klan, que hasta hoy, parece mentira, se sigue infiltrando y enmascarando en matanzas colectivas, no selectivas, para mostrar su miedo cerval a la tolerancia y meter miedo.

Toni Morrison, aparte de los valores estilísticos, que son muchos, de su narrativa, ha representado un factor activo de denuncia para la normalización de las inmensa minoría negra en el «cuerpo pensante» de un país que a pesar de disfrutar de una democracia avanzada sufre profundas simas socio-culturales. El racismo ha sido ingrediente principal y condición específica de la extrema derecha norteamericana higienista y violenta. Nunca la presidencia del país más poderoso del planeta había sido ocupada por un ostentoso blanco multimillonario, un halcón del pleistoceno, que deja a los Nixon, Reagan y a la familia Bush, como pequeñas cotorritas de la Santa Alianza; paradójicamente su cantera de votantes proviene de la llamada América profunda, en realidad ciudadanos de segunda que vuelcan su odio en aquel lejano escenario azul de río Hudson descrito por Henry James. Morrison ha sido una de las principales enemigas de Donald Trump. Acérrima defensora de las presidencias de Bill Clinton -al que llamó el primer presidente negro- y de Barack Obama, amigo personal de la narradora, tanto en artículos en prensa como en continuas apariciones en diversos medios de comunicación, la escritora fallecida ha sido representante de la izquierda demócrata norteamericana. Ella misma en su novela 'Beloved' hace asesinar a un bebé de dos años por su propia madre para que no cayera en manos de los rubios negreros del Ku Klux Klan: «es el precio que hemos tenido que pagar». En 'Beloved' (1987) que se alzó con el Premio Pulitzer, Morrison dio rienda suelta a la experiencia traumática del comercio atlántico de esclavos, y no es que la situación racial sea comparable a un siglo atrás, pero acabo de ver por televisión la forma en que se ha detenido a un ciudadano de color, seguida de la muerte por asfixia de otro, que me han alarmado muchísimo. Una pregunta de Morrison define su constante y valiente denuncia: «¿Cuándo descansaremos por fin del trabajo extenuante para el que han sido creados?» .