Acerca de la yihad del conservacionismo

Acuden a la mente los asilvestrados barbudos iconoclastas encaramados a los tesoros arqueológicos de Hatra o Palmira, maza en mano, pero también implica a sectores de la Administración y grandes empresas saudíes

Acerca de la yihad del conservacionismo
Luis Ruiz Padrón
LUIS RUIZ PADRÓNDoctor arquitecto

El domingo pasado se publicó en las páginas de Diario SUR un artículo titulado 'El mal ejemplo del edificio de La Mundial' firmado por D. Javier Recio. En él se definía como 'yihadistas del conservacionismo' a quienes, como quien esto escribe, consideramos que construir un hotel en Hoyo de Esparteros de 10 plantas de altura y 40 metros de lado es una pésima idea; posición que siempre se ha defendido mediante argumentos bien documentados y razonados, nunca con violencia.

Al margen de otras consideraciones, me gustaría únicamente hacer una cordial puntualización sobre el uso de tal calificativo, que estoy seguro respondió más a la ligereza que a cualquier otra cosa. Sobre todo porque, a diferencia de las corrientes más extremas del islamismo, uno de los grandes logros de la civilización occidental ha sido el de sistematizar el estudio, catalogación, valoración y preservación del patrimonio histórico, llegando a identificarse como uno de los rasgos distintivos de la modernidad. No sólo el patrimonio edificado: también los paisajes, la organización espacial de las ciudades, las relaciones visuales y demás elementos de la estructura urbana; incluso los aspectos inmateriales. La propia creación de la Unesco en 1945 y los sucesivos documentos desde ella emitidos (cartas, recomendaciones...) son testimonio del valor que otorgamos al patrimonio en Occidente, especialmente en Europa; y una consecuencia de tal sensibilidad, por ejemplo, la declaración como Bienes de Interés Cultural de conjuntos como el Centro Histórico de Málaga.

Dicha declaración se justifica en la «[excepcional] superposición de huellas del paso de civilizaciones a lo largo de los siglos, tanto de Oriente como de Occidente» y por ser su tejido urbano «un compendio de la evolución histórica de la ciudad»; en él destaca el modelo de calle Larios como «ejemplo del paso al urbanismo y a la arquitectura moderna en Málaga», del que se especifica que «a nivel tipológico y de imagen esta zona se caracteriza por sus edificios con solución de esquina en curva, su uniformidad en altura, sus cierros-miradores acristalados, así como por el elegante trabajo de la cerrajería de fundición con interesantes ejemplos de factura impecable». Rasgos extensivos a otras obras de Eduardo Strachan, su arquitecto, tales como el palacete de los Condes de Benahavís (hoy también conocido como La Mundial) que motivaron en su día la inclusión del inmueble en el Catálogo de edificaciones protegidas del PEPRI Centro de Málaga.

Frente a esta concepción de la cultura como base de la civilización, ramas más estrictas del islam como el wahabismo imperante en Arabia Saudí –a la que se suele achacar el impulso del yihadismo– ha sostenido la destrucción de los lugares históricos como herramienta ideológica para combatir la supuesta «idolatría» que encarna la preservación del pasado. Acuden a la mente los asilvestrados barbudos iconoclastas encaramados a los tesoros arqueológicos de Hatra o Palmira, maza en mano, pero también implica a sectores de la Administración y grandes empresas saudíes. Así, no sólo edificaciones preislámicas valiosas sino también mezquitas, tumbas y sectores completos de sitios sagrados para los musulmanes como La Meca o Medina han sido borrados del mapa de manera urbanísticamente planificada y sustituidos por enormes construcciones completamente ajenas a las preexistencias urbanas. La consigna oficial parece ser: nada de mirar atrás.

Por cierto, que el conglomerado de empresas Bin Laden, encuadrado en el sector de la promoción inmobiliaria, es quien ha impulsado el altísimo complejo hotelero levantado en las inmediaciones de la Kaaba y cuya construcción implicó la demolición de buena parte del centro histórico de La Meca. De modo que, bajo este prisma y hablando con rigor, quienes apoyan el proyecto de Braser en Hoyo de Esparteros están mucho más próximos a los postulados urbanísticos de la familia Bin Laden que los que se oponen a éste. No al revés.

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