¡Aburriros niños!

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Eran tardes largas y tediosas. Muy largas y muy tediosas. Eran horas y horas a la espera de 'hacer la digestión', o de que 'cayera la sombra' para poder salir a la calle. Sí, a la calle, porque antes se iba a la calle a jugar. Era el espacio 'interestelar' de los niños del pasado siglo. De los 60, los 70, los 80 y los 90. Los de hoy, segunda decena del siglo XXI, no saben lo que es aburrirse. Mejor dicho, no tienen tiempo para aburrirse, con lo sano, lo productivo y lo sensato que es un buen aburrimiento. Pero no. Aquí en cuanto se levantan ya no salen pitando para la calle a jugar, como antes, o en busca de los vecinos, o de los amigos de pandilla del barrio, sino que se 'meten' delante de un televisor, un portátil, una tablet o un teléfono móvil para jugar, sea a lo que sea, pero preferentemente a matarse unos a otros en la ficción, tipo Fortnite, un juego que curiosamente se publicita como gratuito, por lo que los chavales encima caen encandilados y sin embargo la media de compras dentro del juego es de 70 euros por 'participante', porque sus jugadores no paran de gastar dinero en microtransacciones. Según un estudio realizado en Estados Unidos, siete de cada diez jugadores gastaron, en promedio, unos 84 dólares en el juego de moda a lo largo del pasado año, o sea mucho más que si adquirieran cualquiera otro a precio de mercado.

Pero no, los niños ya no tienen tiempo para aburrirse. O mejor dicho, no saben lo que es aburrirse... Ni salen a la calle. Miren, si se dan una vuelta por Málaga, se asustarán porque no verán a muchos niños por la calle. Más bien muy pocos. ¿Nos estamos quedando sin niños? ¿Nos estamos despoblando? ¿No hay renovación generacional...? Quiten las dudas, lo que no hay son niños en las calles porque primero no pueden salir como antes, porque ya no hay espacios físicos para jugar fuera de casa, y en ellas las pantallas de lo que sea se han convertido en los juegos tradicionales de antaño. Los fortnite y compañía han sustituido al juego de las tizas en el suelo, a la pelota en la calle, al 'aguanta que salto encima', al 'corre corre que te pillo', que además cuando algún autor se da cuenta de lo que significa esa pérdida y lo recoge en un libro, se convierte en un best seller, porque aún hay una curiosidad infantil, no se sabe si sana o no, para ver cómo los ancianos padres y súper viejos abuelos pasaban sus horas largas y aburridas, sobre todo cuando en el verano malagueño el terral se combatía en las casas con toallas empapadas de agua y colgadas de las ventanas porque el aire acondicionado era cosa de oficinas de bancos o de ricos. Era cuando los niños de los 60 iban con sus padres a ver la primera puerta automática que se instaló en un edificio de la Costa del Sol, en el edificio El Remo, en La Carihuela, y allí veías a las familias absortas comprobando cómo si te acercabas se abría la puerta y entonces el niño exclamaba «¡mira, mira papi...!». Pero ahora son otros tiempos. Sin duda mejores, pero con sus fallos, sus tremendos fallos, y uno de los gordos es que los niños no se aburren, no saben lo sano que es tal ejercicio para la mente. Eso sí, están todo el día conectados en red, soñando con ser Lolitos o alguna cosa parecida.

Por favor, niños, aburriros...

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