Los abuelos

En toda relación filial debe computar el entrañable amor de los abuelos por sus nietos

PEDRO MORENO BRENES

Alguien es abuelo/a cuando la descendencia directa, los hijos, mantienen el ritmo de añadir (por naturaleza o por adopción) un grado a la línea directa del parentesco. Este recorrido es largo y existe incluso una rama del saber, la genealogía, que se ocupa de estudiar la historia familiar, narrando la ascendencia y descendencia de una persona. Aunque nos pueda interesar de dónde venimos y qué será de nuestro árbol genealógico dentro de unos siglos, es natural que nuestro espacio vital se centre en uno o dos grados de parentesco ya que los sentimientos se nutren de recuerdos, conversaciones, rostros, fotos, encuentros y desencuentros, y eso lo proporciona de forma principal la convivencia en el tiempo y en el espacio. Más allá de conflictos extremos, los abuelos (si se cuenta con la fortuna de contar con ellos) desempeñan un papel esencial en la cohesión y transmisión de valores en el núcleo familiar. En torno a los abuelos es más fácil que los hermanos se reúnan y que los primos se socialicen con lugares y experiencias comunes. Además, la concurrencia de los padres en el mercado laboral pone dificultades a la conciliación de la vida familiar y laboral, lo que lleva a un protagonismo importante de los abuelos, que en los últimos tiempos han asumido el papel de cuidadores (en España el 50% de los abuelos españoles cuida todos los días a sus nietos, según un estudio del Imserso).

Aunque cada familia es un mundo, cabe resaltar que las relaciones que unen al padre y a la madre con sus hijos son las prioritarias, pero no deben ser las exclusivas, ya que las que mantiene el abuelo con su nieto es un derecho de ambos que debe estar al margen de eventuales rupturas en las parejas. Es más, si los abuelos intentan mantenerse al margen del conflicto de los padres, se pueden convertir en el mejor aliado para que sus nietos puedan llevar lo mejor posible los efectos ingratos que toda crisis familiar conlleva. Es un despropósito y es ilegal 'pagar' con los abuelos las desavenencias de un divorcio negando o dificultando el derecho de comunicación y visita con sus nietos. Algún caso he conocido de la vejez amargada de unos abuelos por la imposibilidad fáctica de tratar a los nietos, con la inevitable consecuencia de que unos y otros se convierten en desconocidos.

Partiendo de que es responsabilidad directa de los padres el cuidado y educación de sus hijos y que no deben ser sustituidos en ese papel por los abuelos (salvo causas muy justificadas), si en el viaje común de los padres con sus hijos el amor mutuo deben ser el medio ambiente de los hogares, ¿por qué renunciar al cúmulo inabarcable de cariño que unos abuelos pueden aportar a la mejor formación humana de los nietos? Para los humanos las mayores alegrías-penas vienen vinculadas a su descendencia ya que sus éxitos y fracasos los sienten como propios, convirtiendo cada relación filial en única e irrepetible, debiendo computar, para beneficio de todos, el entrañable amor de los abuelos por sus nietos.

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