El 20N
Pedro Sánchez es un noviembre de veinte días. Una crónica con ojos de estatua y acento amargo de derrota. La contabilidad de tramas, indignidad y ... degradación institucional requiriendo toda nuestra atención. Su nombre convertido en su propio destino: el sanchismo.
En los días en el que la reprobación histórica del franquismo debía convertirse en la excusa oficial para la legitimación del discurso de la izquierda, las andanzas de Ábalos, Koldo, Cerdán y el Fiscal le han robado todo el protagonismo. La realidad se ha impuesto al relato de trinchera elaborado por Moncloa. El sanchismo ha opacado su 'Año Franco' por méritos propios. La idea de construir un discurso frentista para polarizar más a nuestra sociedad, con la única intención de socavar la legitimidad de los partidos políticos democráticos del arco parlamentario del centro y la derecha, ha sido un fracaso por sus propios deméritos. Prefirieron diseñar un programa de actos donde la confrontación entre españoles fuera el denominador común. Despreciaron los méritos de los protagonistas de la Transición, y el valor de la concordia como eje vertebrador de nuestra sociedad actual. Diseñaron una gran grieta para resignificar el Valle de los Caídos mientras cavaban nuevas trincheras ideológicas. Prefirieron la oscuridad a la luz. El resentimiento a la esperanza y la convivencia. Señalando los desmanes de la época del dictador, querían mostrarse como los adalides de la modernidad, el progreso y la democracia. Entonces conocimos esta semana la calamidad que han supuesto para nuestro país la presunta corrupción de dos secretarios de organización del PSOE elegidos por Pedro Sánchez y aplaudidos por el sanchismo sociológico. Lo suyo no han sido las mordidas por doquier, sino una suerte de canibalismo sobre la concesión de la obra pública para lucrarse de una forma infame. Cuando ellos quisieron poner en el centro de la actualidad al Palacio del Pardo y el Pazo de Meirás, los escándalos señalaban a Ferraz y la Moncloa. Hemos pasado de los familiares de Franco a la Paqui y las Jessicas de turno. De los hombres del Movimiento Nacional, a los actuales ministros citados en los informes de la UCO.
La puntilla al año de Franco se la dio el pasado jueves la Sala Segunda del Tribunal Supremo, declarando a García Ortiz como culpable de un delito de revelación de información confidencial de un ciudadano con nombre y apellidos. La operación orquestada para minar la carrera política de la gran adversaria del sanchismo, Isabel Díaz Ayuso, le explotó en las manos a sus propios urdidores.
El 20N ya no es el símbolo que quiso agitar el Gobierno, sino el día en que comenzó su propio fin. Nuestra sociedad no necesita esperar a que caiga un líder para certificar la caída de su tiempo político.
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