Muros de lenguas

JOSÉ MARÍA ROMERA

No es que los anteriores inquilinos de la Casa Blanca fueran unos fervientes admiradores del castellano, pero al menos lo respetaban. Unos, por convicción cultural. Otros, porque intuían que prestarle algo de atención no podía depararles más que ventajas. Las cuentas son sencillas: una comunidad de 50 millones de hablantes representa un interesante nicho de mercado y una nada despreciable bolsa de electores. La proverbial tendencia del norteamericano medio al monolingüismo no impedía que el lema del 'English Only' fuera reduciéndose poco a poco al ámbito más ultramontano y nacionalista de su clase política. Que Trump lo haya vuelto a poner en circulación añade un signo de alarma más a la larga lista de despropósitos con que nos viene afligiendo en estos primeros días de su mandato. La supresión fulminante de la web en español de la Casa Blanca debe ser entendida como un mensaje de desprecio hacia la población latina, la misma que Trump pretende colocar al otro lado del muro en la frontera con México. Pero su carácter excluyente afecta también a la lengua en sí misma, a un bien de naturaleza cultural que no solo enriquece a un país cuya historia se ha ido tejiendo a base de aportaciones de distintas raíces e identidades, sino que forma parte inseparable de su propio patrimonio histórico.

El mapa de Estados Unidos está plagado de topónimos de innegable origen español, desde grandes ciudades como Los Ángeles o San Francisco hasta estados como Florida o Nevada. Hoy en día abundan los periódicos escritos total o parcialmente en castellano y cada cierto tiempo nace una nueva emisora de radio o de televisión que emite sus programas íntegramente en esta lengua. EEUU es el tercer país del mundo en número de hispanohablantes, por detrás de México y de Colombia y por delante de España. Que su Constitución no reconozca lenguas oficiales no significa que la realidad de su vida cotidiana no haya consagrado el castellano como una lengua de uso común que puede oírse a todas horas en las calles de muchas de sus poblaciones. Darle la espalda como ha hecho Trump es un gesto propio de patanes.

Sorprende que una institución como la Academia Norteamericana de la Lengua Española permanezca callada ante el desmán, al contrario de lo que sí ha hecho la institución homónima en España por boca de su director Darío Villanueva. Es, ha dicho, el indicio de un clima hostil. De momento no sabemos si el cierre de la web supone una medida simplemente simbólica o es la avanzadilla de una acción política de mayor alcance contra el español y sus hablantes. Vistos los discursos de Trump en campaña, hay que temerse lo peor. También en este ámbito empieza a notarse el gusto por los muros del nuevo presidente.