Algo estupido

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

A velocidad crucero, los acontecimientos se hacen imparables. Trump es hoy el 45 presidente USA y nadie como él para tumbar mitos. En la toma de posesión su discurso fue tan corriente como un mitin cualquiera más de su campaña. En primera línea, Obama, hizo todos los esfuerzos para que su expresión facial no llegase a mueca de desaprobación en casi ningún momento. Con el nuevo presidente ha llegado el pueblo -o la gente- al poder, según se pudo oír con nitidez.

Dicen analistas y observadores que 'Trump is Trump', o sea que la ansiada moderación que llevaría implícita el sillón, o la responsabilidad, o la alta magistratura, tiene que esperar. No es fácil despejar prejuicios y podernos asomar con nitidez al mirador de lo que hay. Obama es el primer presidente no blanco de la historia, sus maneras impecables y sus brillantísimos discursos y puestas en escena han dado paso curiosamente a generalizar un cierto desencanto por sus cacareados errores. Dicen que su política económica y su acción exterior han sido decepcionantes o hasta inadecuadas, inoportunas y negativas. La excepcional línea argumental de sus múltiples intervenciones públicas, su impresionante soltura y su envidiable oratoria, no parecen haber incidido en su obra con ese mismo alto nivel. Muchos le comparan con Kennedy por la misma cuestión. Aun siendo muy mejorable su paso por la Casa Blanca, que Obama haya bordado las formas es algo francamente importante e ingrediente principal aunque no suficiente de la acción política de un dirigente democrático. Ante las incertidumbres que ahora nos abruman, sería estupendo no tener la sensación -algo estúpido- de echarle de menos o, mucho peor, de echarle mucho de menos.

Y Trump dijo: «Recuperaremos nuestras fronteras, nuestros trabajos, nuestros sueños. Vamos a reconstruir nuestro país con manos americanas, con mano de obra americana. Desde ahora sólo será América primero. Nunca seréis ignorados de nuevo. Construiremos carreteras, puentes, aeropuertos. Seguiremos dos simples reglas: comprar en Estados Unidos y contratar en Estados Unidos. Durante demasiado tiempo hemos defendido las fronteras de otros. El 20 de enero de 2017 será recordado como el día que el pueblo volvió a gobernar este país.» En palabras de la periodista Julie Hirschfeld Davis todo se resume en: «no tengan miedo, la nación les protegerá. Only América (sólo América)».

Espectadores de ultramar asistimos a la puesta de largo de democracia americana intentando encontrar las palabras adecuadas más esperanzadoras que atañen a nuestros países y nuestra vida, pero cuesta. Si la OTAN está obsoleta y la globalización ha sido una mala idea, es como volver a empezar. Tras la sangrienta y terrible II Guerra Mundial, algunas cosas pudimos aprender, unos y otros se necesitaron, muestra de ello fue el Plan Marshall, o la necesaria alianza de las naciones, el Mercado Común Europeo -hoy Unión Europea-, los tratados comerciales o la decidida acción de colaboración internacional con inteligencia y generosidad. Si la declaración de intenciones y propósitos del presidente Trump son tal cual, habremos de no tomar ejemplo -con permiso de Lepen, Iglesias y otros- y continuar con nuestro camino reforzando los flancos más débiles y los que así nos vienen, sin dejar de mirar de reojo a nuestro tradicional aliado y su pretendido orden nuevo.

Durante muchos años el lenguaje internacional más positivo estuvo impregnado con el relato de 'socios y aliados'. Siempre pensamos que los amigos en la vida de cada cual son riqueza objetiva, no estar solos siempre es la mejor prueba de vigor o fuerza, pues ignorar a los demás trae aislamiento y, en muchos aspectos, pobreza. A la vista de los nuevos populismos, ahora sabemos que esa manera de pensar era algo estúpido, un error. Crecer todos juntos, llevar la prosperidad y la democracia allá hasta donde pudiéramos llegar no es ya lo que queremos, hoy se prefiere alentar otras actitudes de mucho menor alcance y cierta rentabilidad electoral. El 'only América' es como el 'only Junts pel sí' o el continuo boicot al libre comercio, la negación real de la diversidad, por mucho que se predique exactamente lo contrario. Al fin, unos y otros populistas, distantes pero iguales, abogan por encerrarnos a todos en un pequeño solar en donde puedan mandarnos a placer, pues la hermandad de los pueblos y hasta la auténtica fraternidad -más allá de tanta palabrería- sólo son algo estúpido (como la canción 'something stupid', Carson Parks, 1966).