Reitera que Barrerá para casa

El nuevo presidente ha dicho que tendrá especialmente en cuenta los intereses de EE UU. Como todos los dirigentes del mundo, pero que Trump expone en el estilo zafio que lo ha llevado a la Presidencia

INOCENCIO ARIAS

Las encuestas te dejan perplejo. El día de su coronación, sólo el 41% de los estadounidenses tienen buena impresión de Donald Trump. 52% lo desaprueban. Con Obama, al hacer mutis, ocurre justamente lo contrario. Sin embargo, paradójicamente, dos tercios de esos americanos se sienten mucho más optimistas que hace un año sobre el estado de la economía y aunque una mayoría opina que la causa es un cambio del ciclo económico son bastantes los que alegan que obedece a la llegada de Trump al poder. Más que los que alegan que es debido a la buena gestión de Obama. Y eso a pesar de que el presidente saliente ha venido siendo tratado en los medios de información mucho más generosamente que Trump.

La prensa más adversa recalca que el nuevo presidente ha sido elegido, si contamos las abstenciones más los que se inclinaron por Clinton o por otros candidatos, por menos del 30% de los posibles votantes. Las cifras parecen exactas pero también Lincoln fue elegido por una minoría y es el más venerado de los presidentes.

Aunque Trump se ha presentado como un unificador, pretensión también acariciada por Bush y Obama, que polarizaron considerablemente al país, su discurso de ayer fue populista, con algunos ribetes cursis y descalificando sin rodeos a la clase política. Ha dicho sin remilgos que esta no gobernaba para la gente sino que vivía en una torre de márfil. Obama, impecable en toda la ceremonia, no debía estar regodeándose y rumiaba quizás la diferencia entre la oratoria, algo rupestre y bastante demagógica del recién llegado con la suya en su ceremonia de hace años, con texto también leído en 'teleprompter', más elegante y realista.

Trump se ha dirigido especialmente a sus votantes, llegados de otras partes por centenares de millares (solo el 5% de los washingtonianos lo votaron), pero también ha dado avisos a navegantes incluso externos. Con su estilo directo ha recalcado una y otra vez que Estados Unidos, para «volver» a ser grande tendrá especialmente en cuenta sus intereses. Algo obvio en todos los dirigentes del mundo -¿en qué se fija Putin cuando apoya salvajes bombardeos de su aliado sirio o crea problemas en el interior de un país soberano como Ucrania? ¿Y la señora May cuando 'chantajea' a la Unión Europea sobre la negociación del 'brexit'? ¿ Y Hollande cuando autoriza bombardeos con drones que matan sin juicio a sospechosos terroristas?- pero que Trump expone de forma maximalista en el estilo zafio que lo ha llevado a la Presidencia. Implícito estaba, lo ha apuntado en el pasado, que Washington ahora va ver con lupa con quién se gasta los cuartos en defensa. Reforzarse sí pero sus aliados también.

La ceremonia, con un costo de 90 millones de dólares, sufragado en buena medida por aportaciones privadas, mostró de nuevo que los estadounidenses saben organizar estas cosas. Y sí hubo desplantes de algún legislador demócrata, lo que no le viene mal al presidente que puede arrancar diciendo que sus rivales no saben perder, pero no los hubo de los presidentes anteriores ni por supuesto de los modistos. ¿Quién fue el idiota que creyó que ningún buen diseñador querría hacerle el traje a la nueva primera dama? No saben que la ceremonia como la de los Oscars tiene más repercusión en prestigio y ventas que mil pasarelas de moda?

Ahora Trump tendrá que gobernar y no dar pinceladas de brocha gorda como en su discurso. Se está rodeando de gente inteligente y realista. Como él, tienen muy escasa experiencia en puestos oficiales, Trump es el primer mandatario que no ha sido ni gobernador, ni senador, ni general, etc. Son, sin embargo, reconocidos como personas eficaces a las que su jefe parece haber instruido que sean 'ellos mismos', es decir que si es preciso le lleven la contraria. Es lo que ya han hecho varios de ellos desde el presentado para secretario de Estado como el de Defensa, quien por cierto, rompiendo una vez más con los augurios ominosos sobre el presidente y sus nombramientos, ha obtenido la aprobación de 23 de los 24 senadores que integraban la comisión preceptiva del Senado.

Muy significativa es la postura de Nikki Haley, la señora propuesta para ser embajadora en la ONU. Separándose de Trump ha sostenido que «no cree que se pueda confiar en Rusia, ha hecho algunas atrocidades». Ha concluido, sin embargo, repudiando a Obama y comulgando con su jefe al hablar de Israel: «nno me abstendré cuando cualquier acción de la ONU entre en conflicto con los intereses de Estados Unidos». Lo dicho, está en los genes de todos los políticos.