BUENAS TARDES A TODAS

ANTONIO GARRIDO

Sí, no es una errata, es un uso consciente y premeditado del femenino como genérico. Sitúese el lector. Salón de plenos del parlamento de Andalucía, una joya del renacimiento, monumento nacional, obra cumbre de Gainza y Vandelvira, piedras más que seculares. Como tantos otros edificios, caso del Senado, se aprovechó una iglesia para uso civil; en este caso, la del hospital de las Cinco Llagas.

El magnífico retablo se cubre con un tapiz con el escudo de la región durante las sesiones. Un lugar noble donde lo menos que se puede pedir es un uso mínimamente correcto del idioma. El buen uso hay que hacerlo en cualquier lugar pero la solemnidad y ejemplaridad deben tenerse en cuenta.

No es el caso. Si escribiera los errores y barbaridades que escucho, más de un lector pensaría que exagero o miento. ¡Ojalá fuera así! Cuando un diputado sube a la tribuna saluda a la presidencia, al resto de compañeros y también a los invitados; igualmente a los miembros (o miembras) del gobierno.

La fórmula normal es: Buenos días o buenas tardes señor presidente, señorías, y a continuación se pueden nombrar a los que están en el salón por interés de alguna materia que se va a tratar: asociaciones de agricultores, de amas de casa, de pescadores, representantes de pueblos concretos, etc.

El grupo de IU cuando tiene el uso de la palabra saluda a todas, no a todos. Según dicen es una manera de hacer visible a la mujer. No niego la posibilidad de crear palabras y de cambiar la gramática y la sintaxis, allá cada cual. Lo que sí afirmo es que, por ahora, hasta que los hablantes lo decidan, está mal empleado el término.

He pensado sobre el tema y me parece que se trata de un uso humorístico. Lo explico. La forma común es señoría, de señor. Se trata de un sustantivo femenino que acoge a diputados y diputadas. ¿Por qué cambiar un femenino por otro femenino? Nada, humor, puro humor, no me van a convencer de que se trata de una reivindicación seria de la presencia de la mujer.

Paso a otra cosa que es ya común a todos los grupos políticos, aunque con diversa intensidad. Se trata de las citas. No faltan en las intervenciones y suelen ser tópicas. Un poco más de lectura e imaginación no estaría de más y algo menos de internet. La precipitación no es buena y menos en estos casos.

Los siglos ven el cambio en las modas. Durante siglos, quizás por la pobreza alimenticia generalizada, los gordos se consideraban ejemplos de salud; más tarde se vio que no y que los kilos son muy malos. En paralelo, basta ver a las mujeres de Rubens, el exceso de peso femenino era muy valorado. Al igual que con los kilos sucede con las partes del cuerpo. El siglo XIX fue el del pecho y el XX el del culo. La situación actual de modelos anoréxicas es más que lamentable y se debería evitar por norma.

Desde no hace mucho tiempo se va abriendo paso el derecho de hombres y mujeres a no parecer tísicos. Sin entrar en este momento en cuestiones sexistas, en el idioma se emplea curvas para definir a mujeres con formas anatómicas definidas. Mucho está haciendo en esta tendencia las nuevas modelos, sobre todo las que proceden de Brasil y de Hispanoamérica.

Estas mujeres tienen curvas y se está imponiendo la moda de las curvas con lo que significa de cambio en los diseños de ropa. Con sorpresa observo en algunos medios que hablan de «curvy», debe escribirse en cursiva, para referirse a las palabras españolas. Así se lee y oye que llega la moda "curvy"; más fácil es la moda de las curvas. Las mujeres no son «curvys», tienen curvas, como he dicho. Es un anglicismo pedante e innecesario. También se acepta la forma coloquial curvi: ¡Qué curvis tiene...! No está generalizado el uso de esta forma.

Leo que el XI Seminario internacional de Lengua y Periodismo se dedicará al lenguaje del humor en el periodismo en español. Mucho van a tener que buscar los participantes para encontrar algo levemente parecido a Ruano, Camba, Alcántara. El humor exige finura y estilo y no está la Magdalena para tafetanes.