Paripé

ANTONIO GARRIDO

Las palabras entran y salen del idioma y a ver quién es el fatuo que le pone puertas al campo y se atreve a domeñar la lengua según intereses de grupo o de persona. Durante siglos se ha pretendido en nombre y causa de razones y teorías. Nada de nada y así será hasta el fin de los tiempos, salvo que llegue ese mundo feliz que escribiera Huxley y que con mucho soma nos obliguen a ir por un único y alienante carril. El idioma es lo más libre que existe, quizás lo único libre de verdad.

Un saco o una chistera, tanto da. La política española es un esperpento o una mala comedia de enredo donde la casa no tiene dos puertas como en la obra de Calderón de 1629, tiene muchas más. Unos entran, otros salen, se hacen los interesantes, se prodigan requiebros, hay quien se arrastra como gusano implorando un pacto, hay quien se ensoberbece y desprecia. Una colección de despropósitos.

La palabra de moda estos días es «paripé» y la estructura «hacer el paripé». Voy a ofrecer unos textos que sirven para ejemplificar.

De Oñate a la Granja, de 1876, es uno de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Una joven quiere evitar a toda costa que su amante la abandone. Entonces: «creyéndose abandonada de su amante, hizo el paripé de querer quitarse la vida. Bajo la almohada le encontraron un cuchillo carnicero. Han tenido que ponerle centinelas de vista En fin que se la llevan con mil demonios».

Gonzalo Torrente Ballester, en su Don Juan, 1963, escribe cuando están disputando sobre si el personaje fue libre o no en sus acciones: «Lo encuentro inútil. Es evidente que don Juan se ha condenado. Juzgarle ahora es hacer el paripé».

Valle Inclán, La corte de los milagros, 1927-31: «No lo niego, Juanilla, vamos a representarle la comedia a ese palomino, que nunca está por demás. Por ese paripé, que no cuesta dinero, en alguna ocasión muy señalada, me zafé de una condena».

Juan Benet, Volverás a Región, 1967: «Los dos habíamos guardado el secreto del antiguo vaticinio así que el uno ante el otro hicimos el paripé de haberlo olvidado».

En los textos encontramos las dos formas. Por citar un ejemplo de prensa, me voy al País del 24 de octubre de 2002, en la sección de deportes: «Es la mejor escenificación de una convivencia forzada, es un paripé».

La palabra y la forma se mantienen en plena vigencia. Un ejemplo reciente de El Mundo, junio de 2015. Se refiere a las negociaciones sindicales: «abandonaron la mesa general de la función pública ante lo que calificaron de paripé y tomadura de pelo por la voluntad de diálogo».

La palabra procede del caló, quizás de «paruipén», cambio, trueque y este del sánscrito, «pararúpa», «figura o aspecto diferente». Corominas ofrece la primera documentación en Fernán Caballero. La RAE la incorpora al diccionario a principios del siglo XX. En la edición actual aparece como: «Fingimiento, simulación o acto hipócrita». La estructura «hacer el paripé» se define como: «Presumir, darse tono». Aclararé que la terminación «-ipén» es un sufijo gitano que sirve para formar abstractos y que «-ipé» es una variante del mismo.

Con todos los respeto a la centenaria institución el significado de la estructura no me parece adecuado. En todos los ejemplos que he encontrado y en los que ofrece la RAE, «hacer el paripé» es interpretar una comedia, en general bastante mala por cierto, con el fin de engañar o despistar. El significado de «presumir» existe como en: «Es más pobre que las ratas pero sigue haciendo el paripé de sus rentas en Andalucía y de ese palacio de Sevilla que, seguro, no existe o lo vendió».

Las palabras y las estructuras tienen un valor funcional y aparecen cuando hace falta. La situación política actual es perfecta para echar mano de la palabra y de la estructura. Una mañana se dice una cosa, a la siguiente, la contraria. Todo es uno y lo contrario. El objetivo de todos es echarse la culpa unos a otros y así van pasando los días. Unos enfrían el champán para celebrar el pacto y otros sacan brillos a las urnas. Ya se verá.