Más allá, Tánger

ALFREDO TAJÁN

Abordar un poemario como 'Más allá, Tánger' de Álvaro Valverde, en Tusquets Editores es, por sí misma, una tarea compleja aunque placentera, pero hacerlo desde Málaga, la ciudad-espejo de Tánger en Europa del Sur, dos urbes que llevan mirándose y timándose desde hace siglos, representa un periplo de ida y vuelta cuya hoja de ruta serán precisamente estos versos despojados, comprometidos e inolvidables. Se huele en estos poemas un aroma de zoco chico, de tiempo recobrado, de memoria furtiva y de reconocimiento: el alma de Tánger se dibuja invisible en estas páginas. Valverde escribe sin tapujos, pero elige todas y cada una de las palabras con las que compone una sucinta caligrafía sobre el papel en blanco cual si fuera una pared blanca desconchada mientras el levante te acaricia la cara. Nada sobra, nada falta, ni siquiera Punta Malabata, lengua de fuego, al fondo, lamiendo el mar.

Las pérdidas se ganan, la protagonista de estos poemas se dirige a las 'fuentes sagradas del origen', y decides, sin dudarlo, acompañarla. Desde el principio 'ves la ciudad volver. Emerge, blanca, de su sueño de siglos', y entonces tú aprovechas y retornas de nuevo, y desembarcas, pero esta vez de la mano de un poeta hondo, mientras te adentras en un laberinto de preguntas sin respuesta, de sensaciones que se acrecientan si Tánger, y su mito, ha formado parte activa de tu cartografía personal en la que los continentes se confunden. '¿Por qué, te dices, Tánger? Amas esta ciudad. Odias su aura. Comprendes, pese a todo, que sean tantos los predispuestos a morir por ella' (.) 'Como en Nápoles, Cádiz o Lisboa, aquí respiras tiempo'. Un tiempo que el poeta dosifica, la ciudad cavafiana está detrás y, claro, va contigo allí donde tú te dirijas; es cuando Tánger se tatúa, se traviste, se transforma en la mujer que ansía recuperar sus años de esplendor sin lograr acordarse de los nombres de todos los que aparecen en la fotografía de su existencia. Pero lo mismo da: 'Es otra la desolación, otro el vacío'; y cuando menos te lo esperas, se presentan ante ti los Bowles o Ángel Vázquez y su extraña familia, y conversas con ellos en jaquetía, ese dialecto que es una lengua zombi. No lo duden, con "Más allá, Tánger" Álvaro Valverde transita por la frontera de la alta poesía, y eso se agradece.