Cómplices

FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Todos los años suena la misma cantinela. El Festival de Málaga Cine Español es mucho más que su sección oficial. Y es rotundamente cierto. Mientras esperamos un pase tras otro descubrir alguna joya que nos alegre la ficción, en el concurso de documentales el público sale más que satisfecho. Con algo de retraso, he visto esta semana una de esas películas que se estrenaron en el pasado certamen y que no te deja indiferente: 'Chicas nuevas 24 horas'. Un sobrecogedor documental sobre la prostitución. Y no es que entre en los burdeles de carretera o hable con las chicas que están haciendo la calle. Aquí no hay anécdotas morbosas o detalles escabrosos. Lo que uno se encuentra es un gran relato sobre un negocio redondo para proxenetas e intermediarios que comercian con la miseria y la carne de unas niñas que, a través de engaños y medias verdades, son transformadas por esta cadena de (des)montaje humano en pura mercancía.

La cinta la dirige Mabel Lozano, que está demostrando tener más talento como cineasta que como actriz. De hecho, su trayectoria comprometida en el documental contrasta con esa imagen frívola que conservamos de ella. Y su última película nos enseña una realidad que no aflora siquiera en las noticias sobre la prostitución. Viaja al origen del problema, a los países sudamericanos que exportan niñas a España y Europa para atender la demanda de los prostíbulos. Ellas piensan que les espera otro tipo de trabajo: camareras de restaurante. Sus familias se han endeudado o hipotecado con las propias mafias para pagar los billetes de avión, por lo que a las jóvenes no les queda más remedio que poner precio a su cuerpo. Las putean los proxenetas, pero también sus propios padres cuando ven que se quedan sin casa. Una crónica desoladora.

La película también sabe poner el acento en la demanda. Y España es el tercer país del mundo que más consume servicios de prostitución. No es extraño que aquí se hable de legalizar este negocio para que, por lo menos, coticen como todo hijo de vecino. Siendo prácticos y un poquito cínicos, todo son ventajas, pero con ello condenaríamos aún más a todas esas chicas que, para escapar de la miseria, caen en el puterío todavía más profundo de las mafias. ¿Queremos ser sus cómplices?

 

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