La pandilla de Amrabat

PEDRO LUIS GÓMEZ

En esto del fútbol, cuando destacan en un equipo un grupo de jugadores al mismo tiempo se suele buscar un título descriptivo, como una especie de 'denominación de origen', para hablar de ellos en colectivo, y ha ocurrido con dispar éxito (sin duda depende de la importancia y peso del club en cuestión), aunque los ha habido que han hecho historia, como 'Los 5 magníficos', bautizo de una inolvidable delantera del Real Zaragoza, o 'La quinta del Buitre', nombre con el que conoció para siempre al grupo del Castilla que triunfó en el Real Madrid con Butragueño a la cabeza. Pues bien, hay que buscar una DO a este sorprendente Málaga que está superando todos los registros iniciales que se esperaban de sus posibilidades, y al que muy bien se le podría bautizar como 'La pandilla de Amrabat', por supuesto en el sentido más positivo: el de una pandilla de jóvenes muy vivos, muy hábiles y con ganas de triunfar. Amrabat es el capitán que los manda, porque su incorporación, al igual que ocurriera la pasada temporada se ha notado y no poco en el 'nuevo' Málaga, y porque capitanea a un cojunto de chavalotes surgidos de la cantera con Samuel (el menos joven, con 24 (¡) años), Juanmi, con 20, Samu Castillejo, con 19, y Sergi Darder, con 20. Un repóquer de exquisitos futbolistas (al que hay que sumar a un no menos joven Camacho y al resto del elenco) que se han plantado con descaro pelotero en la Liga de las Estrellas y llevan ya 12 puntos de 12 posibles en los últimos cuatro partidos, un registro que muy pocos equipos de la máxima división pueden alardear.

Amrabat es el 'jefe', y con ellos forma una perfecta compañía, tanta que los defensas del Córdoba, el Rayo y anoche los de la Real Sociedad sueñan con ellos. Es una gozada verlos jugar, porque a su calidad, a su imaginación, se une también el enorme esfuerzo físico que desempeñan, ahogando a los rivales desde el minuto 1. El Nuevo Anoeta fue testigo de este nuevo grupo de jugadores con talento y talante al que, además, aún les queda por progresar, porque tienen, como todos los humanos, debilidades, por ejemplo ese exceso de invidualismo de Samuel, al que me imagino que el tiempo y los partidos pondrán reparo.

Pero 'la pandilla de Amrabat' tiene un director general, un culpable, y ese no es más que Javi Gracia, que ha buscado y rebuscado por el baúl de las botas peloteras de su vestuario hasta hacer un encaje de bolillos que comienza a ser la admiración y el deseo (eso es lo malo, amigos) del fútbol español.