Torra y Marlaska rebajan el tono pero no alcanzan ningún acuerdo operativo

Marlaska y Torra, ayer, en el Palau de la Generalitat. :: Albert gea / EFE/
Marlaska y Torra, ayer, en el Palau de la Generalitat. :: Albert gea / EFE

El ministro se marcha de Barcelona sin conocer qué harán los Mosos en la 'guerra de los lazos' y si actuarán ante el 'otoño caliente'

C. REINO / M. SÁIZ-PARDO BARCELONA / MADRID.

Dicen, desde una parte y desde la otra, que lo más positivo de la junta de seguridad de Cataluña celebrada ayer fue el tono. En el Ministerio del Interior sorprendió ver a Quim Torra amable y metido en su papel institucional y con un discurso muy alejado de sus últimas intervenciones públicas. Fernando Grande-Marlaska también causó una buena impresión a los responsables de la Generalitat, en particular al consejero de Interior, Miquel Buch, hasta el punto de que ambos accedieron a comparecer juntos, algo que no estaba cerrado antes de la cumbre. Pero hasta aquí la sintonía, porque el único acuerdo real entre ambas partes fue no hacer públicos sus profundos desacuerdos y ocultar la negativa de los responsables de la Generalitat de comprometerse a nada. Escudándose una y otra vez en que las competencias de seguridad en Cataluña son «exclusivas»de los Mossos, ni Torra ni Buch aceptaron la ayuda que Marlaska ofreció a la Generalitat en forma de antidisturbios de Guardia Civil y Policía para el caso de que la amenaza del 'otoño caliente' lanzada por los Comités de Defensa de la República (CDR) se haga realidad. Y eso que era uno de los puntos que Interior había logrado incluir en el orden del día.

El president y su consejero, apuntaron diversos participantes en el encuentro, esquivaron cualquier promesa y, sobre todo, se esmeraron con celo en no desvelar sus cartas. Marlaska y su equipo se marcharon de Barcelona sin saber si los antidisturbios de las fuerzas de seguridad del Estado se verán solos frente a los radicales llegado el caso.

No solo eso. El ministro del Interior y su equipo cogieron el AVE de vuelta a Madrid sin tener la más mínima pista de qué actitud van a tomar a partir de ahora los Mossos en la denominada 'guerra de los lazos'. Desde la Generalitat de nuevo argumentaron que de haber incidentes por la puesta o retirada de símbolos, éstos serían una cuestión de exclusiva seguridad ciudadana que solo incumben a la policía autonómica.

Casi triunfalista

El mensaje oficial de Interior, sin embargo, fue casi triunfalista. «Los acuerdos marcan la Junta de Seguridad de Cataluña», rezaba el título de la nota de prensa remitida por el Gobierno central a media tarde, esgrimiendo como gran logro del encuentro la incorporación de los Mossos al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, un acuerdo prácticamente cerrado desde hace meses por el departamento que antes dirigía Juan Ignacio Zoido.

Que el Ejecutivo central estaba mucho más interesado que el Govern en dar un mensaje positivo del encuentro lo demostró Grande-Marlaska en la comparecencia con Buch, donde se mostró mucho más optimista y grandilocuente que su interlocutor. «Esta junta es una manifestación clara de la voluntad de ambos de cooperar» y una muestra de la «lealtad institucional», afirmó con solemnidad el ministro del Interior. Buch, por su parte, también habló en términos de «colaboración» y «trabajo conjunto», pero poco más. A parte de la delegación del Gobierno central las palabras de Buch le sonaron más a las de un ministro extranjero en una cumbre bilateral.

En el controvertido tema de los lazos (escondido en el orden del día tras el eufemismo «convivencia en el espacio público») también el ministro fue más allá. Marlaska anunció ayer tras la reunión que el Gobierno y la Generalitat han acordado garantizar la neutralidad en el espacio público. Habló en términos de «compromiso de garantizar un espacio público neutral» y le recordó al consejero de Interior que los Mossos d'Esquadra deben actuar para que el espacio público no esté «monopolizado» por ninguna simbología, en este caso el lazo amarillo que defiende la libertad de los dirigentes secesionistas en prisión. Eso sí, el ministro del Interior no precisó de qué manera se asegurará esa neutralidad ni qué pautas deberán seguir los Mossos.

El consejero catalán, en cambio, evitó referirse a acuerdos o compromisos y se limitó a decir que los Mossos intervendrán cuando alguien «busque algo más que un debate». Además, quiso marcar distancias respecto al pacto adelantado por el ministro y negó que en Cataluña haya un problema de convivencia. Grande-Marlaska solo se permitió una puntilla. Lanzó un dardo envenenado a la Generalitat cuando se le preguntó si el pacto anunciado ayer implica que la policía catalana tenga que retirar los lazos amarillos de las fachadas de sus edificios. El exjuez se remitió a una sentencia del TSJ de Cataluña, que afirmó que el uso del espacio público es «una injerencia en la neutralidad» que la Constitución exige.

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