Torra avisa de que no aceptará sentencias condenatorias en el juicio por el 'procés'

Quim Torra recibe ayer el aplauso de los asistentes a su discurso en el Teatro Nacional de Cataluña :: LLUIS GENE / AFP/
Quim Torra recibe ayer el aplauso de los asistentes a su discurso en el Teatro Nacional de Cataluña :: LLUIS GENE / AFP

El presidente de la Generalitat evita fijar un calendario para hacer efectiva la república

CRISTIAN REINO BARCELONA.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, propuso ayer a la ciudadanía catalana iniciar una larga marcha por los derechos civiles, sociales y nacionales, que comparó a la que emprendió Martin Luther King en los años sesenta, como elemento de presión para reclamar el derecho de autodeterminación y la puesta en libertad de los dirigentes secesionistas que están presos.

Torra pronunció ayer una conferencia en Barcelona, en el Teatro Nacional de Cataluña, bajo el título 'Nuestro momento', en la que emplazó a la ciudadanía a movilizarse de forma permanente desde el próximo 11 de septiembre, hasta el juicio por el 1-O, pasando por las protestas durante los aniversarios del 1-O, del 3-O y del 27-O. Una larga marcha, que situó como el momento en que podría activar la vía unilateral.

Habló de la «causa justa de la independencia», con la que a su juicio podría tener el reconocimiento internacional. Cataluña, a su entender, cumple los tres supuestos para poder reivindicar la independencia como causa justa a nivel internacional: es una nación; hay una mayoría que lo ha expresado en un proceso democrático; y vive en régimen de «de discriminación y vulneración de derechos».

Torra, además, lanzó una seria advertencia en relación la juicio a los procesados por la causa del 'procés': «Personalmente no puedo aceptar ni aceptaré ninguna sentencia que no sea la libre absolución». Llegado el caso de una sentencia dura, afirmó: «Me pondré a disposición del pueblo a través de sus representantes legítimos en el Parlamento». Ese puede ser el momento que busca Torra, que compara al 1-O o al 27-O. Dio a entender que podría convocar elecciones, aunque también podría inclinarse como una nueva declaración de independencia, si así se lo piden JxCat, ERC y la CUP.

El presidente catalán, que intervino flanqueado por una bandera catalana y un gran lazo amarillo, afirmó que el objetivo de su mandato es hacer efectiva la república, avisó de que no renunciará nunca al derecho de autodeterminación, anunció la puesta en marcha de un proceso constituyente y del Consejo de la República, dirigido por Carles Puigdemont, pero evitó fijar una hoja de ruta detallada sobre cómo piensa llegar a la independencia.

Torra no pudo concretar nada porque no quiso salirse de los márgenes que permite el acuerdo entre JxCat y Esquerra. El Gobierno catalán es de coalición y coexisten sensibilidades muy diferentes (JxCat, PDeCAT y ERC) cuyo mínimo común denominador es el que expuso el dirigente nacionalista. El sector de Puigdemont quisiera no salirse ni un milímetro de la senda de la ruptura, mientras ERC y una parte del PDeCAT están por una vía más posibilista. Por ello, Torra tuvo que hacer encaje de bolillos.

División soberanista

La división en el secesionismo es estratégica. Todos quieren la independencia. Pero la discrepancia es la fórmula para alcanzar la tierra prometida. La vía unilateral ya se sabe el resultado que da: proclamación simbólica, ningún reconocimiento internacional y encarcelamiento de los líderes. Sin embargo, nadie a día de hoy en el movimiento secesionista tiene el valor de reconocer que si no hay una nueva hoja de ruta para hacer efectiva la república es porque no se sabe cómo hacer cima.

Y pasó del «referéndum o referéndum» que esgrimió Puigdemont, al «libertad o libertad». Un aviso a Pedro Sánchez de que o negocia un referéndum pactado y hace todo lo que esté en su mano para que los dirigentes presos salgan de prisión o activará la vía unilateral y cortará de raíz todo diálogo.

Aunque el ultimátum fue más bien soterrado y hasta calificó de «interesante» la propuesta de referéndum sobre el autogobierno de Sánchez. «Reconoce la crisis provocada por la sentencia del Estatut y reconoce que la solución ha de llegar por la vía política y democrática», señaló. Eso sí, advirtió al presidente del Gobierno de que el debate en la sociedad catalana no es sobre un nuevo Estatuto.

El Ejecutivo, sin embargo, volvió ayer a insistir en su oferta de diálogo «dentro de la legalidad por fortalecer aquello que une a los catalanes: su autogobierno». La ministra portavoz, Isabel Celaá, reclamó a Torra abrir esa conversación y le advirtió, además, de que las sentencias de los jueces «hay que aceptarlas». El presidente de Ciudadanos, sin embargo, urgió a Sánchez a aplicar el 155 «antes de que sea tarde».

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