El PP sitúa en mayo el primer test de estrés de la estrategia de Casado

Pablo Casado preside ayer el comité de dirección en la sede de los populares de la calle Génova. /Efe
Pablo Casado preside ayer el comité de dirección en la sede de los populares de la calle Génova. / Efe

La dirección nacional celebra el «éxito» de su convención mientras el partido se mantiene expectante tras dejar atrás la herencia de Rajoy

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Lo que el PP escenificó el domingo en su convención fue el final de la transición interna. El partido que amaneció este lunes en la resaca del cónclave es enteramente el de Pablo Casado. Suyos son los candidatos del territorio más importante en juego: Madrid. Suyo es el discurso, bautizado como liberal y, al mismo tiempo, conservador con el ánimo de sellar fugas. Y suyo es el lenguaje, severo y extremo para bloquear el avance de Vox. La herencia de Mariano Rajoy, apuntan algunas fuentes populares, ha quedado enterrada. Y el primer examen que tendrá que pasar el nuevo proyecto está convocado para el 26 de mayo: las elecciones autonómicas y municipales.

Algunas fuentes del partido, las más escépticas respecto al giro a la derecha que detectan en la estrategia de Génova, sitúan en manos de Casado buena parte de la responsabilidad del resultado electoral de los próximos meses. Si acierta o yerra, «se verá en las urnas». Y la referencia, añaden, serán el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, donde el presidente del PP ha designado a dos cabezas de cartel de corte similar al suyo, José Luis-Martínez Almeida e Isabel Díaz Ayuso. «Casadistas», resumen.

En caso de retroceso electoral, ya no creen que Casado pueda echar mano del legado recibido. Sobre todo, por el esfuerzo de la nueva dirección en marcar distancias con Rajoy. Del discurso del presidente de los populares se deduce la promesa de enmendar la etapa de su antecesor. Cuando proclama que «el PP ha vuelto», da por sentado que el PP se fue. Y cuando eleva su receta para Cataluña a un 155 profundo y duradero, se refiere a una intervención que tome el control de todo aquello que el Gobierno dejó sin fiscalizar.

Pide una y otra vez la confianza que les fue retirada y lo hace, como quedó claro en su discurso de clausura de la convención, con una oferta bien distinta en forma y fondo a la hasta ahora conocida. Y si, en este contexto, algo condensa el estado del partido -del más entusiasta y del más crítico-, es el término expectación.

Optimismo

Pese a la fragmentación de su espacio por la llegada de Ciudadanos y Vox y pese a los riesgos que entraña el poner el foco en el flanco derecho de su espectro electoral, en la sede de Génova ponen muy altas las expectativas. Cifran en el 40% los apoyos perdidos y, aun así, dan por sentado que Casado llegará a la Moncloa «a la primera», a diferencia de los expresidentes del partido.

Tampoco cabe otro mensaje a cuatro meses de las elecciones de mayo. Mantener altos los niveles de energía de los populares era otro de los objetivos de la convención del PP para dar el pistoletazo de salida a la precampaña. Y la vicesecretaria de Comunicación, Marta González, celebró ayer el «éxito rotundo» de aquello que buscaba la formación conservadora este fin de semana. Impulsar la imagen de Casado como referente del centro derecha y motivar a los candidatos.

Hubo quien este lunes no ocultó su coincidencia con la intervención del presidente del PP en la Feria de Madrid. «Pablo Casado -ensalzó Esperanza Aguirre en una entrevista en Telecinco- ha sido una bendición, ha sido una decisión providencial para frenar la sangría del partido».

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