El Supremo quita las togas a los 'observadores'

Los servicios del tribunal han obligado a despojarse de sus ropajes a dos letrados belgas y a uno español

M. SÁIZ-PARDO

Era una de las batallas que se esperaban ayer en el Supremo y se libró con discreción pero con firmeza por parte de los servicios del tribunal. Al final, los 'observadores' internacionales, como los denominan los independentistas, entraron a la sala de vistas tal y como pretendían los acusados, pero lo hicieron, a pesar de algún truco fallido, como simple público y sin ningún tipo de prebenda.

En el Supremo, que desde el principio se negó en banda a reconocer la figura de estos 'observadores', esperaban alguna treta en esta guerra por el relato y efectivamente se produjo. Tres de estos observadores, el catalán August Gil Matamala y dos letrados belgas, entraron a la sede judicial identificándose como abogados, a pesar de no defender a ninguno de los acusados.

La argucia pareció funcionar al principio y Gil y los dos abogados belgas, una vez dentro del edificio, se enfundaron sus togas, muy llamativas en el caso de los belgas, dispuestos a entrar a la sala con sus vestimentas judiciales.

Pero los servicios del Supremo se percataron de la maniobra. Primero conminaron a los tres a quitarse sus respectivas togas y luego les invitaron a volverse a acreditar como simple público, cosa que al final hicieron, porque no había plazas reservadas para esos 'observadores'.

Esta batalla de las togas -explicaron fuentes jurídicas- era especialmente importante para el Tribunal Supremo. Haber permitido que esos observadores tuvieran la prebenda de vestir sus ropas judiciales o reservarles un lugar dentro de la vista por su condición de letrados extranjeros hubiera sido tanto como reconocer, en cierto modo, su pretendido papel.

Según informaron fuentes de las defensas, una decena escasa de estos 'observadores' procedentes de Francia, Italia, Estados Unidos y Bélgica estuvieron presentes en esta primera sesión.

 

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