Una 'sanchista' de la primera hora

La ya exministra cautivó a los tres últimos secretarios generales del PSOE

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Cuando el 28 de septiembre de 2016 dimitieron 17 miembros de la ejecutiva del PSOE para forzar la caída de Pedro Sánchez, Carmen Montón, secretaria de Igualdad, se mantuvo fiel al secretario general. Desde entonces, su vínculo es de acero. Tenía papel difícil porque su jefe natural, Ximo Puig, estaba en la operación derribo que capitaneaba Susana Díaz, pero se mantuvo fiel al 'sanchismo'. Su ejercicio de equilibrio es digno de estudio. Respaldó a Sánchez contra el criterio de Puig, y un año antes había apoyado a Puig para que se convirtiera en el líder de los socialistas valencianos contra la opinión de Sánchez. Nadó, guardó la ropa y obtuvo recompensa doble, consejera de Sanidad de la Generalitat valenciana con Puig, y ministra del ramo con Sánchez. Acertó en sus apuestas.

Licenciada en Medicina, estudios que terminó mientras era diputada en el Congreso, nunca ejerció. Prefirió la carrera política que había iniciado con apenas 23 años cuando fue elegido concejal de su pueblo, Burjassot. Cinco años después, en 2004, pisó por primera vez las alfombras del Congreso tras hacerse con un escaño por Valencia y enseguida se labró un nombre. Encandiló a José Luis Rodríguez Zapatero que le confió la defensa parlamentaria de dos de sus proyectos emblemáticos, la reforma de la ley del aborto y la del matrimonio homosexual.

También Alfredo Pérez Rubalcaba reparó en aquella diputada de aspecto frágil y voz juvenil, y se la lleva a la comisión ejecutiva federal del PSOE como vocal. Con Pedro Sánchez asciende a secretaria de Igualdad. La guerra fratricida de los socialistas de hace dos años parecía haber puesto fin a su meteórica carrera. Ximo Puig le puso además la cruz por no plegarse a sus órdenes. Pero una reconocida gestión en la Consejería de Sanidad salvó su la cabeza. Batalló contra la privatización de la sanidad pública; recuperó la sanidad universal recortada por Mariano Rajoy -meta que también se propuso y consiguió en su breve paso de cien días por el Ministerio- y liquidó los copagos farmacéuticos. Se convirtió en la bestia negra de la medicina privada y de los laboratorios.

Sanidad era uno de los pilares del proyecto de Sánchez y la reclamó a su lado para alivio del presidente de la Generalitat valenciana. Estaba considerada una de las ministras más progresistas, su intensa actividad en las fiestas del orgullo gay dio fe de su compromiso con el colectivo LGTBI. Vivía días de vino y rosas hasta que afloraron los detalles de un máster que hizo porque quería especializarse en igualdad. Era un mérito curricular más que acabó por dinamitar su carrera política.

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